La salud de un ex hombre fuerte
La precaria condición de Fujimori ha sido constante motivo de preocupación, porque ha sufrido desde crisis de hipertensión hasta extrema debilidad.
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| SIESTECITA. El ex presidente peruano Alberto Fujimori se quedaba dormido en las audiencias celebradas en mayo. EFE1121436 |
Yasmina REYES
yreyes@prensa.com
Quien llegó a ser casi un jefe inca contemporáneo, parece haber sido alcanzado por el reloj que castiga –inclemente– no solo cargando la cadena de años, sino que despoja del invaluable tesoro de la salud.
El miércoles 19 de noviembre, Alberto Fujimori, que ya lleva preso 14 meses (aunque podría ser condenado a 30 años de prisión), esquivó otra cita con la justicia porque le aquejan hipertensión arterial no controlada, gastritis crónica erosiva, edema de miembros inferiores, quiste pancreático e insuficiencia cardiovascular que puede causarle una trombosis venosa. Esto no lo dice solo su médico personal, sino que fue lo que consignó un informe del Instituto de Medicina Legal.
Dada su condición, hay que chequearle la presión cada cuatro horas y no puede pasar sentado más de 90 minutos.
Pero estos no son los únicos males que sufre ese cuerpo.
En junio, el ex presidente de 70 años fue internado para atenderse una lesión en la lengua que resultó ser cancerígena y requirió de dos intervenciones quirúrgicas. Y en septiembre volvió a tener un susto, cuando en una revisión para verificar si el cáncer había sido controlado –o él controlaba al hombre–, los médicos detectaron un quiste en el páncreas que, para su fortuna, resultó ser benigno.
Pero no hay mal que por bien no venga, porque los problemas médicos le han hecho más fácil la travesía por los pasillos de las cortes. Y no solo a él, también a su antiguo socio, amigo, colaborador y jefe de Inteligencia: Vladimiro Montesinos.
De hecho, la cita del miércoles era para participar como testigo –renuente– de la fiscalía en uno de los procesos que se le siguen a Montesinos; esta vez por la muerte de seis vigilantes, el 28 de julio de 2000, y el incendio del Banco de la Nación durante la marcha opositora de ese mismo año.
Los problemas se produjeron porque para testificar en el juicio de Montesinos –ejercicio puramente retórico, porque ya el ex presidente había anunciado que se acogería a su derecho de guardar silencio– tendría que ser transportado hasta el otro extremo de la ciudad y los médicos consideraron que su estado no se presta para tales tráfagos.
Fujimori está detenido en una celda de la Dirección de Operaciones Especiales de la Policía y es juzgado en una sala habilitada en el edificio. Pero Montesinos está en la Base Naval del Callao, en el otro extremo de Lima.
El caso es que tras idas y venidas, consultas y exámenes, negociaciones y acuerdos, la audiencia tuvo que ser suspendida por otras razones ajenas a la voluntad del ex hombre fuerte peruano, porque otra persona –en esta ocasión la abogada defensora de Montesinos, Estela Valdivia–, se reportó enferma.
Los fantasmas llaman a la puerta
Tras eludir a la justicia por casi siete años, un acorralado Fujimori llegó a Lima sin más remedio que sentarse en el banquillo de los acusados a responder por las múltiples muertes que se le atribuyen.
Desde su llegada, hace 14 meses, está recluido en la Dirección de Operaciones Especiales (Diroes) de la Policía Nacional del Perú.
El 10 de diciembre de 2007 empezó, en Lima, la capital peruana, el juicio en el que se intenta decidir su responsabilidad en las masacres de “Barrios Altos”, “La Cantuta” y la de los “Sótanos del SIE” (Servicio de Inteligencia Nacional).
Ya fue condenado a seis años de cárcel y dos años adicionales por “usurpación de funciones y abuso de autoridad” por ordenar el allanamiento de la casa de quien fuera la esposa de Vladimiro Montesinos, más el pago de una reparación. Fujimori apeló la condena; objeta pena y reparación.
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