PILLAJE CULTURAL
Panamá y su historia de saqueos
Orlando Acosta
opinion@prensa.com
Hace años tuve la oportunidad de encontrar y documentar parte de la historia olvidada de uno de los conjuntos escultóricos más notables con el que contaba la ciudad de Panamá: El Friso Alegórico de la Justicia. La espectacular propuesta fue emplazada en los predios del Palacio Legislativo y fue producto, también, de las aguas modernistas que llegaron por estos lares.
Este conjunto de 23 esculturas en bronce nació tras un concurso internacional y era de la autoría de un artista peruano, Joaquín Roca–Rey, quien por la década de 1950 se “atreve” con una propuesta, que algunos historiadores de arte la catalogaron como lo más relevante que existía en los espacios públicos en América Latina.
El conjunto escultórico registró su desaparición en 1992, cuando a solicitud de la Junta Comunal de Calidonia se llega al sitio para evaluar la locación de la tarima de la reina de Carnaval. Carnaval de bronce. Los bronces fueron saqueados y vendidos como chatarra. Hoy nos conformamos con unas mediocres reproducciones de fiberglass de lo que otrora fue el espectacular conjunto.
En el año de 1989, el evento de la invasión estadounidense y el caos imperante hacen desaparecer todas las placas de bronce del “Paseo de Los Poetas” en El Chorrillo. El homenaje a todos los bardos panameños quedó reducido al olvido, y en las marmitas de alguna fundición. Evento que arranca de la memoria de los jóvenes de hoy la razón del porqué el nombre del paseo. ¿Qué o cuáles poetas? ¿De dónde son los cantantes…? La venta de nuestros versos por unos dólares más.
Ni hablar del pillaje durante los mismos tristes eventos de la estatua de Roosevelt en San Miguelito, cuyo cuerpo y cabeza nadie sabe donde quedaron. Quedando también sin cuerpo y cabeza sobre quién era y que representó para Panamá la relación con Estados Unidos. Otro hueco en la memoria de los panameños.
El Museo Antropológico Reina Torres de Araúz, sitio de segundo emplazamiento de los perdidos Juegos de Antaño. Desaparecidos, también, bajo los ojos dizque ciegos de los administradores del museo, desvanecidos durante las vacaciones de los administradores del Parque Omar, con la complicidad, aún no comprobada, de la fuerza pública.
Todos estos hechos me hacen pensar en la incapacidad de nuestra sociedad para valorar lo que tenemos. Las autoridades de gobierno, administradores, sociedad civil, educadores, periodistas, ciudadanos, todos somos responsables de este pillaje cultural. Todo, resultado de una falta de educación, sensibilidad o de qué. ¿Usted que piensa? ¿Qué nos falta? ¿Qué nos sobra? ¿Es todo esto resultado de la pobreza que nos aqueja? Justificándolo en la necesidad de consumo de enfermos del crack, quienes son señalados como los pillos de metales, o también de la complicidad de empresarios inescrupulosos que, sin ningún criterio, compran y funden lo que es de todos.
Algo nos esta pasando. Todos somos parte de la cadena de saqueos y responsables de los vacíos que estamos dejando en los nichos vacíos de los parques y avenidas de la ciudad, huecos en la memoria de las generaciones que estamos y aquellas que están por venir.
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