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Panamá, sábado 22 de noviembre de 2008
 

CAUSAS Y CONSECUENCIAS

Delincuencia y delincuentes

Alfredo López Lewis
opinion@prensa.com

Es un hecho cierto e indiscutible que los niveles de inseguridad han venido creciendo de manera exponencial, que la ciudadanía experimenta la frustración propia de la impotente víctima silente, al no contar con los instrumentos institucionales para hacer valer sus derechos, en busca de satisfacer el ideal ético de justicia anhelado.

Claro, la clase politiquera utiliza un tema tan sensitivo como este para ganar adeptos haciendo todo tipo de promesas carentes de sentido científico.

Quienes queramos coadyuvar de manera seria a la búsqueda de soluciones para tan agobiante problema, debemos partir de la individualización conceptual diferenciadora entre el fenómeno “delincuencia” y su manifestación “delincuente”, lo que nos permitirá entender la raíz de cada una de ellas y sugerir acciones tendientes a disminuir, cuando no eliminar, las consecuencias de estos.

La Real Academia de la Lengua Española define delincuencia como: “Conjunto de delitos, ya en general o ya referidos a un país, época o especialidad en ellos. Colectividad de delincuentes”, y delincuente como: la persona “que delinque”, sin embargo, nosotros consideramos apropiado indicar que mientras aquel es un fenómeno social, este es la manifestación individualizada de ese fenómeno, por lo que obviamente el uno y el otro deben ser trabados de forma distinta.

A nuestro criterio, es posible reducir a una sola la causa del surgimiento del delincuente; esta es la delincuencia como subcultura y afirmamos que los medios idóneos para combatirla son la represión a través de un aparato de seguridad profesional desde el punto de vista técnico y logístico, además dinamizando la estructura institucional llamada a administrar justicia, adecuando normas de carácter tanto adjetivas como sustantivas dotándolas de la rigurosidad que demanda la realidad historia.

El luchar contra la “delincuencia”, entendida en la forma expuesta conlleva una labor de prevención de mayor profundidad, cuyos objetivos en los que nos debemos involucrar todos, deben ser visualizados a mediano y a largo plazo, ya que la misma es causada por un cúmulo heterogéneo de razones, entre las que se encuentran: el arrastre de la crisis educativa nacional, la pésima distribución de las riquezas, la exaltación de los antivalores, la creciente aceptación de las familias disfuncionales o debilitamiento del esquema familiar, el inexistente liderazgo ejemplarizante de quienes nos gobiernan, la imperante cultura del consumismo, los altos niveles de desempleo, los bajos salarios, el alto costo de la vida, las desigualdades sociales, etc.

El asunto es tanto más grave si entendemos que detrás de cada uno de estos problemas subyace una serie de circunstancias que los motivan.

Comencemos hoy por exigir a nuestros gobernantes, y a quienes aspiran a serlo, un compromiso serio; que adecuen con rigores de criterio científico, los programas e instrumentos supuestos a utilizar para la consecución de la tan aspirada seguridad, dándolos a conocer de manera clara y diáfana en tiempo oportuno, desvinculándose de los postulados vacíos y excesivamente genéricos con que tradicionalmente han tratado el tema.

© 2008. Corporación La Prensa. Derechos reservados.
 
 
 
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