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Panamá, viernes 21 de noviembre de 2008
 

CAMPAÑAS SUCIAS

Respetemos a los aspirantes al solio presidencial

Edgardo Lasso Valdés
opinion@prensa.com

Cuando observo y escucho los comentarios que a diario se transmiten por los canales de las televisoras locales, dirigidos a denigrar la personalidad de los candidatos aspirantes a ocupar la máxima magistratura del país, no puedo menos que preguntarme: ¿Qué propósitos esperan lograr, los responsables de estos?

¿Pensarán acaso que quien le saque más puntos negativos a sus contrincantes al cargo, aumentará en esa misma proporción sus propios méritos?

Los méritos se obtienen del proceder de cada persona, a través de sus metas y logros, de su entrega en aras de disminuir las carencias del prójimo más necesitado, de la honestidad demostrada en todos sus actos públicos y privados.

No hay registro conocido en los anales de la historia contemporánea, de persona alguna que haya acumulado méritos para sí mismo, sustraídos de los deméritos de los demás.

Siendo esto así, ¿no sería más rentable para cada candidato, y más agradable a los oídos de los televidentes, enumerar sus logros y planes honestamente trazados, para lograr una buena administración, en caso de ser favorecido con los votos de los electores?

Nuestro país requiere con urgencia, un equipo de personas honestas, dirigido por quien ocupe la máxima magistratura, para corregir tantos entuertos, en el transporte colectivo y selectivo de pasajeros, en la seguridad colectiva, vías de comunicación, educación, inversión dirigida a brindar empleos dignos, planes de salud adecuados para toda la población, atención planificada de todos los casos de colisión, evitando el trauma actual de esperar por horas, la llegada de un oficial de Tránsito.

Por supuesto que, estos no son los únicos asuntos que, requieren de la atención inmediata del nuevo equipo que, le corresponderá reemplazar al actual, en el poder administrativo de la nación.

Si cada candidato cumpliera con su deber ciudadano de, prepararse a conciencia, en caso de ser elegido en las elecciones de mayo de 2009, no perdería tanto tiempo y esfuerzo en tratar de demeritar a los otros aspirantes.

Se comenta que la política es sucia, cuando en realidad los responsables directos de esa percepción generalizada son los candidatos a ocupar cargos dentro del engranaje gubernamental, quienes consideran que, mientras más trapos sucios le sacan a relucir a sus rivales políticos, más puntos favorables agregan a su propia candidatura.

¿Qué mérito puede encontrarse en divulgar que el tío de su contrincante fue acusado de cuatrerismo hace 20 años, o que tiene una hermana que es madre soltera, o que un pariente cercano fue involucrado en un accidente de tránsito donde hubo muertos y heridos, o que mantiene amistad con una persona involucrada en un escándalo bancario?

Hasta donde yo entiendo, los méritos para ocupar un alto cargo público los debe tener cada aspirante, no son los méritos ni los deméritos de sus allegados familiares o amistades lo que los va a convertir en honorables meritorios, o en seres repulsivos para la humanidad.

Si cada ciudadano es el único responsable de sus logros o desatinos, ¿de dónde nace la idea de achacarle los errores, deshonestidades o injusticias cometidos por sus familiares o amigos?

Dejemos que cada elector escoja, sin presiones de ninguna índole, al candidato de su preferencia, de acuerdo a su propio criterio.

© 2008. Corporación La Prensa. Derechos reservados.
 
 
 
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