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Panamá, jueves 20 de noviembre de 2008
 

CAOS CITADINO

Desidia en el tránsito urbano

Guillermo Alemán
opinion@prensa.com

Los que vivimos en esta urbe, de gran congestionamiento vehicular, experimentamos el tormento que es conducir por nuestras calles y avenidas. El problema no es que nuestra ciudad sea pequeña y angosta, tiene su fundamento en que no hay un estudio científico y estructurado de procesos, comprobados y aplicados a nuestro sistema vial por parte de las autoridades.

Ante tal situación, se ha generado un desorden en el manejo a todos los niveles, tanto los conductores particulares como los que tienen que ver con el transporte de pasajeros. Este es un fenómeno que corroe el espíritu del panameño y se convierte en un factor generador de violencia. Para solventar este problema, se requiere de un arduo trabajo. Por ejemplo: si se aplicaran rigurosamente tan solo el 10% de las normas que rigen el Reglamento de Tránsito, otra sería la situación. Si contáramos con la preparación y efectividad del 20% de los agentes de tránsito, tendríamos un respiro; de esa misma forma, si pudiéramos considerar el tener supervisores que trabajen con voluntad de servicio, avanzaríamos y los procesos funcionarían. ¿Qué sucede entonces? Estamos frente a una gran desidia por parte de las autoridades correspondientes. Son tantas las infracciones al reglamento de tránsito que se cometen a diario, que no tendríamos espacio para mencionarlas todas. La situación se agrava por el hecho de que no hay un programa de señalización en las calles y avenidas, que le indique al usuario cómo debe conducir y respetar las normas del Reglamento de Tránsito; es decir, no se le educa.

Las estadísticas destacan una alta cifra de accidentes, pero no se analizan las verdaderas causas: calles en mal estado, semáforos que no funcionan, otros mal programados de acuerdo al flujo de autos del sector y con bombillos que apenas se notan u otros ubicados frente a obstáculos que restan visibilidad al conductor.

En muchas ocasiones encontramos autos abandonados en las calles o en vía contraria, líneas de seguridad mal ubicadas y peatones que no saben comportarse al momento de cruzar las calles. Observamos a vehículos del transporte público que no sabemos si son buses colegiales o de ruta, y en malas condiciones; a vendedores ambulantes que incomodan el libre tránsito y hasta a indigentes y discapacitados que se movilizan en sillas de ruedas en las vías de alta circulación. Este es el panorama que hemos observado durante años, sin que las autoridades competentes se hagan responsables.

El asunto no se corrige con los semáforos inteligentes, pues no tiene sentido el uso de la alta tecnología ante un pueblo ignorante en materia de educación vial. Lo óptimo es trabajar en el escenario de los acontecimientos (la calle), observar lo que sucede, crear e implementar las iniciativas, e imponer el Reglamento de Tránsito a un 100% de efectividad.

© 2008. Corporación La Prensa. Derechos reservados.
 
 
 
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