El conquistador
Hasta en la nevera del restaurante de Juan Mari Arzak, portaestandarte de la cocina vasca de vanguardia, hay las cajitas del ubicuo queso.
Este particular tipo de queso entre los españoles solamente se comenzó a popularizar en los años de la década de 1970.
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| LA PRENSA/Eric Batista1119383 |
ANA ALFARO
ESPECIAL PARA LA PRENSA
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“De qué callada manera se me acerca usted sonriendo. Como si fuera la primavera, y yo muriendo”. Así reza una de las famosas trovas del cantautor cubano Pablo Milanés, y al igual que la “milanesa” (no la copla, la carne apanada), el queso crema se ha ido colando en el subconsciente colectivo –y culinario– del mundo occidental.
En 1872, un lechero estadounidense llamado William Lawrence inventó el embarre (prefiero “embadurno”, pero no existe para Drae), y en 1880, se le dio el nombre Philadelphia, en honor a la ciudad que, en el momento y en aquel país, se consideraba el pináculo del buen comer.
Actualmente de aquello creo que solo quedará el emparedado “Philly Cheese Steak”, pero creo que estoy “mirando” fuera del tiesto, si me entiendes. Vuelvo al tema.
Yo, que vengo habitando este cuerpecito desde mediados del siglo pasado, no recuerdo una época en que no existiera el queso crema.
En aquellos tiempos, por supuesto, lo único que había era el Philly de Kraft, y en casa, como mamita hacía un cheesecake de ensueño, se consumía con frecuencia.
Pero en otras partes del mundo duró más en llegar. En España, tengo entendido, solamente se comenzó a popularizar alrededor de los años de 1970.
Ahora es ubicuo en los hogares de la “madre patria” y, me sopló un pajarito, hasta en la nevera del restaurante de Juan Mari Arzak, portaestandarte de la cocina vasca de vanguardia, se pueden encontrar las cajitas del ubicuo queso.
Y desde los olimpos culinarios, hasta las más plebeyas alacenas, este humilde quesillo ha conquistado al mundo.
Vea Quesito diplomático
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