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Panamá, miércoles 19 de noviembre de 2008
 

MEDIDAS DE PREVENCIÓN

Reflexiones económicas actuales

Lorenzo A. Rodríguez V,
opinion@prensa.com

En un mundo globalizado todas las economías están interrelacionadas, es decir, el bienestar de uno muy probablemente será el bienestar de la mayoría. En este mismo sentido podemos decir que el mal de uno puede ser el mal de todos.

Me sorprendo realizando este tipo de análisis bajo una mezcla de tristeza y preocupación por la economía de Estados Unidos de América, la cual representa el 25% del PIB del mundo, y de la cual dos tercios corresponden al consumo de los particulares, es decir de los trabajadores.

Dichos particulares están en este preciso momento bajo terrible amenaza de desempleo a gran escala por una parte, y el sobreendeudamiento, por la otra.

En síntesis, el mal de los trabajadores de Estados Unidos (recordar que representan dos tercios del PIB de EU), es el mal de las economías de los países emergentes, quienes se caracterizan por ser grandes proveedores de productos e insumos (materias primas), y dicho sea de paso ya están resintiendo los efectos de la situación que se nos cierne.

Inclusive, China denominada la cuarta economía del mundo, ha declarado que producto de la crisis financiera global (la cual pasó de ser solo financiera para convertirse en económica), está sufriendo las consecuencias de la contracción en el consumo de sus principales compradores, lo que ha traído como consecuencia, no solo una disminución del crecimiento económico, sino que ha desatado una ola creciente de quiebras de empresas y como consecuencia directa desempleo, precisamente en el último mes fueron 166 mil plazas.

En América Latina, las grandes “potencias emergentes” (Argentina, Brasil, Chile), están resintiendo la contracción del consumo de sus mercados objetivos (EU y UE), cayendo en recesión, con fuerte componente deflacionario, pero con una crítica devaluación de sus monedas, hecho que dispara la amenaza de inflación; es decir, nos estamos enfrentando al horroroso panorama de la “estanflación”, que dicho sea de paso no tiene cura (no traumática) conocida.

Los pronósticos más conservadores, nos indican que esta situación se mantendrá bajo las características de un deterioro progresivo durante 18 a 24 meses. Estos elementos nos llevan a la reflexión ¿estarán nuestro gobierno y nuestra clase política valorando esta situación en su justa dimensión?, o como es su costumbre están adoptando la política del avestruz, creyendo que si evitan ver los problemas estos van a desaparecer.

En nuestro país, tierra bendita por Dios, seguimos pensando que somos una isla, y que lo que afecta al resto del mundo, ni siquiera nos afectará en lo más mínimo.

Hagamos un alto y reflexionemos como Estado (es decir todos nosotros) que no somos una isla en el espacio; de hecho somos una de las economías más globalizadas de la región, por ende, lo que afecte a otros nos afecta a nosotros; que debemos tomar en cuenta el mandamiento bíblico “No tentaras al señor tu Dios”, por lo que comencemos a actuar consecuentemente y con responsabilidad tomar las medidas de prevención económica frente a la actual crisis, antes de que sea demasiado tarde y no esperar que, en el último momento, Dios nos resuelva todos nuestros problemas.

En definitiva, unámonos frente a la realidad que nos aqueja y dejemos a un lado los intereses mezquinos y pensemos que el futuro de nuestro país puede ser seriamente afectado si no actuamos a tiempo.

© 2008. Corporación La Prensa. Derechos reservados.
 
 
 
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