VERDADES Y MENTIRAS
El potencial del aeropuerto de Río Hato
Zósimo Guardia V.
opinion@prensa.com
Durante los dos últimos años empecé a notar publicaciones y notas periodísticas “aisladas” que, de forma tangencial, hacían referencia al aeropuerto de Río Hato con la finalidad de descalificar la propuesta de convertirlo en aeropuerto internacional. En mi concepto, los argumentos esgrimidos son cuentos de hadas, diseñados para justificar la conversión de bienes nacionales en negocio privado. Veamos los mismos de forma breve:
1. Los terrenos del aeropuerto son muy valiosos para usarlos de pista aérea. Tamaña aseveración no encuentra sustento ni frente a los más desprevenidos. Los aeropuertos son motor y polo de desarrollo para un área de 100 kilómetros a la redonda. El impacto económico y social que produce un aeropuerto internacional, en mediano plazo, excede con mucho el beneficio que puede producir un desarrollo inmobiliario. La conversión de Río Hato en aeropuerto internacional, impulsará el desarrollo turístico e inmobiliario en toda el área; además, creará nuevos negocios relacionados con la operación del aeropuerto y las aeronaves. Los beneficios alcanzarán una amplia gama de panameños en lugar de unos pocos promotores inmobiliarios.
El aeropuerto de Liberia (Costa Rica), construido en un paraje desolado, ha impulsado un desarrollo turístico, hotelero e inmobiliario envidiable y es por ello, que los ticos ya empezaron a discutir sobre la construcción de otro aeropuerto internacional en el Sur de Costa Rica, contiguo al área de Puerto Armuelles.
2. Que los dineros que ingresen al Gobierno Nacional por la venta del aeropuerto se usarán para la construcción de un nuevo aeropuerto internacional en una localidad más conveniente y menos valiosa. Destruir lo que ya existe para volver a construirlo a un costo cinco veces superior es absurdo. Dos presupuestos elaborados por la AAC durante el presente gobierno, indican que la reconversión del aeropuerto de Río Hato a internacional costaría aproximadamente 42 millones de dólares, incluyendo la terminal aérea y el túnel debajo de la carretera. Estos trabajos no tomarían más dos años.
Por otra parte, los estudios que requiere un aeropuerto nuevo (económicos, de suelo, ruido, impacto ambiental, etc.) retrasaría su construcción y habilitación más de siete años, a un costo no menor de los 200 millones de dólares.
3. El ruido de las aeronaves perjudicará a los residentes del área. Si bien a beneficio de discusión puedo aceptar una cierta molestia para algunos por ruido de aeronaves, hay que reconocer que serán los menos, frente a los muchos que se beneficiarán. Hay que recordar que los aeropuertos internacionales usualmente están incrustados en medio de ciudades y es, precisamente, por ello que hoy día los fabricantes de aeronaves son objeto de estrictas regulaciones sobreruido. Aquellas aeronaves ruidosas de antaño están en camino a desaparecer.
4. Que la pista de Río Hato no tiene resistencia para una operación de aeropuerto internacional. Falso. La pista de Río Hato fue construida para soportar un peso de 176 mil libras. Solo aeronaves con mayor peso máximo de despegue o aterrizaje que el indicado, estarían impedidas de operar en el aeropuerto. En la práctica, la restricción alcanza a las llamadas aeronaves de cuerpo ancho (Boing 767–300, 747, Air Bus 340–300, etc.) que son las comúnmente usadas en vuelos transatlánticos. Estos vuelos alcanzan únicamente el 2.54% del tráfico que se mueve hoy día por Tocumen por lo cual, la necesidad de tener un aeropuerto internacional en el interior del país que pueda atender este tipo de aeronaves, no se sustenta.
5. Que la pista no es suficientemente larga. Cierto, pero solo le faltan 350 metros adicionales para adecuarla a las aeronaves usualmente en operación en el continente americano. Es mejor construir 350 metros adicionales que 3 mil metros de pista que requerirá un aeropuerto nuevo, ¿no cree usted ?
6. Que el Gobierno no tiene dinero para construir el aeropuerto. Falso. No es asunto de dinero, sino de voluntad política. Priorizar el turismo como herramienta de desarrollo y de riqueza para el país por encima de los intereses particulares, es tan posible como lo ha sido la construcción del corredor norte y sur, la cinta costera, la autopista Panamá–Colón, entre otros. Los mecanismos financieros para lograrlo existen, si el Gobierno así lo quisiera.
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