El Panamá ecológico no parece ser del gusto de algunos empresarios que solo ven en los manglares –por ejemplo– tierra fértil para hacer sus lucrativos negocios, negándoles a futuras generaciones el goce de nuestra exuberante naturaleza. Pero el asunto es más grave aún. Nuestro país es uno de esos pocos lugares del mundo donde millones de aves migratorias hacen escala en sus largas jornadas de peregrinaje. Y nuestros manglares son lo que ellas buscan: abundante fuente de alimentos.
Las repercusiones de degradar estos territorios son potencialmente peligrosas porque las consecuencias no solo se sentirán en Panamá, sino en varios otros países, según estudios científicos que dan cuenta de la importancia que guardan estos territorios. No en vano hay organismos que tienen sus ojos puestos en Panamá, que ven con preocupación cómo desaparece el hábitat ocasional de estas aves.
Pero más lamentable es la negligencia que demuestran ciertos funcionarios al permitir tal destrucción, como si se tratara de terrenos sin ninguna utilidad pública, cuando está demostrada su incalculable riqueza. Por ello es incomprensible cómo pueden permitir que el patrimonio ecológico de nuestro país se siga destruyendo. |