[INQUINIDACIÓN]
Elecciones en los antípodas
Alexis Ortiz
El 4 de noviembre de este año de gracia, hubo un proceso electoral paradigmático en EU. El 23 del mismo mes, habrá otro en Venezuela lleno de incertidumbre y nubes plomizas.
El proceso estadounidense tuvo excesos y descalificaciones, favoritismo de los medios de comunicación por un candidato y hasta abundancia económica de un aspirante en comparación con el otro. Pero los señores Obama y McCain se trataron con respeto, no apelaron entre ellos a ataques abominables.
En Venezuela, el presidente Hugo Chávez maltrata a sus adversarios. Los presiona e intimida con el poder del Estado. Los insulta y amenaza. Los acusa sin pruebas de ser agentes de una potencia extranjera, de querer derrocarlo e, incluso, de asesinarlo. En EU el candidato perdedor acepta sin sobresaltos los resultados electorales. No denuncia fraudes inexistentes ni desluce la victoria del ganador. Antes por el contrario, el señor McCain dice que Obama era hasta ahora su contrincante y en lo sucesivo su Presidente. Y el señor Obama dice que McCain es un admirableservidor público.
En Venezuela, el delirante Hugo Chávez vocifera que sus opositores son corruptos y golpistas, perros al servicio del imperialismo, despreciables escuálidos.
Al terminar las elecciones estadounidenses, los dos contendientes hablan de la necesidad de cooperar, de trabajar juntos, de la necesidad de enfrentar bipartidistamente los desafíos del futuro. Al pueblo venezolano, el virulento Chávez le anuncia que va a desconocer a los gobernadores y alcaldes de la oposición que elijan. Que los va excluir del presupuesto nacional y los va a enfrentar con el ejército. Y para ser más poético, que el triunfo de la oposición es una m…
En EU el Estado no se involucra en el proceso electoral. El gobierno no puede apoyar con sus recursos a un candidato y las emisoras públicas le dan igual cobertura a ambas campañas. En Venezuela, el ventajismo del gobierno de Hugo Chávez es bochornoso. El descaro llega a tanto que, además de inhabilitar ilegalmente a los mejores candidatos de la oposición, se usan hasta los barcos de la marina de guerra, los aviones de la fuerza aérea y las ambulancias de los hospitales públicos, para movilizar a los votantes chavistas. Amén de que todo el presupuesto del Estado está al servicio de las candidaturas oficiales.
Pero hay algo más que demuestra la diferencia de fondo entre una democracia desarrollada como la estadounidense, y otra desamparada como la venezolana y, en general, las del tercer mundo. Se trata del vigor y operatividad de las instituciones. En EU funciona la división y equilibrio de poderes, lo que hace que el candidato ganador no llegue al poder, sino sencillamente a la administración o gerencia del Estado. No puede avasallar a la sociedad, a los otros poderes ni hacer lo que le dé la gana.
En Venezuela y en países como Nicaragua, Bolivia y Ecuador, seguidores del modelo autoritario cubano, el ganador de las elecciones siente que llegó al poder para acapararlo, satelizar a los otros poderes, excluir a los adversarios y quedarse en el mando per secula seculorum.
De tal manera que, desafortunadamente, nuestras democracias están en los antípodas.
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