NEGLIGENCIA GUBERNAMENTAL
La delincuencia nos agobia
Pérez Nelson Arcelio.
opinion@prensa.com
La delincuencia es el resultado de la descomposición social y moral que sacude a la sociedad desde hace varios años y está íntimamente relacionada al desempleo, falta de atención de las necesidades de nuestra juventud, de programas de prevención del delito, a la inmoralidad de los gobernantes y la pérdida de valores en la familia. Abordar este mal con medidas simples, significa que no se comprenden las causas del problema o no hay voluntad política de los que gobiernan y de muchos que se denominan de la oposición para enfrentar el flagelo desde la raíz.
Prevención, represión y atención son las tres cosas que deben aplicar las autoridades. Panamá y San Miguelito deben ser las áreas primordiales en las que se combata la inseguridad, porque en estos dos puntos es donde se ve el mayor índice de criminalidad, que cada vez aumenta y cobra un número mayor de víctimas.
Si los niños y jóvenes de los colegios públicos o privados entre 6 y 16 años (el 83% de la población entre esas edades cursa estudios) recibieran mensajes y orientaciones –de manera sistemática– sobre las drogas y el comportamiento que deben tener, se obtendrían resultados favorables. Lamentablemente, los gobernantes prefieren que el dinero sea utilizado en cosas menos importantes.
La droga es el común denominador en los hechos delictivos, pero los que vivimos en los barrios sabemos que los puntos de distribución se mantienen intactos, a pesar de ciertas “visitas domiciliarias” por parte de la policía, manteniendo intacta la estructura de comercialización de este millonario negocio de unos pocos, pero en detrimento de una población en estado de pobreza y llena de conflictos emocionales.
Tal como en la actualidad, el 60% de la población se siente agobiada por la ola de criminalidad que nos afecta. Las autoridades han sido negligentes en desarticular la cadena de distribución de drogas, pero más incapaces han sido en atacar el lavado de dinero, como la fase de mayor rentabilidad de este macabro negocio, que es una fábrica de delincuentes.
Hablar de la delincuencia sin abordar a los ladrones de “cuello blanco”, es no entender que los delincuentes de los barrios o de ciertas urbanizaciones son el resultado de una sociedad enferma desde lo más alto de la estructura gubernamental. Los corruptos, los incapaces y derrochadores de las grandes riquezas del país han contribuido en el deterioro moral de las últimas generaciones.
Hace 25 años la moralidad y actitud de los panameños eran otras; por ende, la delincuencia –en la magnitud que hoy enfrentamos– no está relacionada exclusivamente a las diferencias socio–económicas, porque siempre existió en nuestro país la exclusión social o política. El afán de la riqueza fácil, alinearse políticamente por conveniencia (clientelismo político), utilizar los recursos del Estado con fines particulares, mantenerse ajeno a los males del prójimo, ver la lucha por el poder político como la búsqueda del reparto de un botín y tantas deformaciones morales o de valores, ha sido el resultado de los malos dirigentes y gobernantes. Ya es hora de que el presidente Torrijos se ponga los pantalones y comience a tomar medidas para frenar lo que se le ha salido de las manos. ¿Cómo es posible que no podamos salir ni a la esquina por temor a ser asaltados e, incluso, a perder la vida por la negligencia de este Sr?
Como bien lo dijo Juan Carlos Navarro, el hecho de que él tenga guardaespaldas no significa que no le deba importar la seguridad y la vida de sus ciudadanos. Fuimos nosotros lo que lo pusimos donde está, para que nos solucionase, en parte, estos problemas. Pero, por lo visto, a él solo le importa su partido, aunque esto vaya en detrimento de toda una sociedad.
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