El alma en pedazos
No hay un estatus para la persona que pierde a un hijo. Sin padre se es huérfano, y sin cónyuge se es viudo. Sin hijo, ¿qué se es?La pérdida de un hijo es la más dolorosa de todas. Los hijos reflejan la ilusión de lo que no se pudo ser y el chance de enmendar errores.
|
|
| LA PRENSA/Eric Batista1118465 |
FLOR MIZRACHI ANGEL
flor@prensa.com
No te voy a durar toda la vida. Esa frase, tan repetida de padres a hijos, encierra un mundo de lógica. Porque lo lógico es que los viejos mueran primero. Y eso, afirma la psicóloga Gabriela de la Guardia, hace que los hijos se vayan adaptando a que, algún día, sus padres se irán. Pero la partida de un hijo es un desafío al ciclo natural.
Si usted leyó el libro Paula, que escribió Isabel Allende tras la muerte de su hija, quizás tenga una idea más cabal de ello. “La pérdida de un hijo es la más dolorosa: este refleja lo mejor de uno, la ilusión de lo que no se pudo ser y el chance de enmendar errores”, dice de la Guardia.
La experiencia es siempre demoledora, pero hay sutiles diferencias en la intensidad del dolor. El shock es más intenso cuando la muerte es accidental, pues “no hay oportunidad de despedirse. Si es por enfermedad, hay un espacio para pensar en el final”.
Sin embargo, asegura, “el dolor es siempre igual”. Excepto en los suicidios: “el sentimiento de culpa es peor”.
La culpa –explica– es común, “sobre todo entre los hombres, pues como tienen el rol de proteger a la familia, se culpan”. Y, como las mamás, se recriminan no haber compartido más con su hijo.
De la Guardia asegura que el dolor es el mismo si el hijo era único o no, o si tenía dos, 15 ó 40 años. Incluso, dice, duele igual si no había nacido, pues “desde entonces es parte de la familia”.
El duelo, explica Yercia Rivera, psicóloga de la Fundación Piero Rafael Martínez, depende de la personalidad del doliente, aunque “el primer año es el más intenso: el primer cumpleaños, la primera Navidad, etc”. Pero pasarán años, indica, y habrá fechas, “como el día que te avisaron que murió”, en donde el dolor se agudizará. “Pero entre oleadas de dolor, el tiempo da paz”, concluye.
La ganadora del premio Clarín 2008, Raquel Robles, da testimonio de ello en su novela Perder, donde narra la pérdida de su hijo: “Yo sé que a eso se puede sobrevivir”.
|