[MUERTE DIGNA]
Hannah, una niña con decisión
Gina Montaner
La historia de Hannah Jones ha conmovido a los británicos. No me extraña, porque cuando la vi en un video sentí una profunda emoción. Aunque solo es una chiquilla de 13 años, ha defendido con gran entereza su deseo de morir “con dignidad”.
A Hannah le diagnosticaron leucemia a los cinco años y desde entonces ha sufrido tres operaciones de corazón por el daño que le han causado los medicamentos. Ahora debería someterse a un transplante que no le garantizaría salir con vida, algo a lo que la niña se ha negado porque no podría soportar los rigores de otra intervención quirúrgica. En definitiva, Hannah Jones ha convencido al defensor del menor que le permita seguir su rutina diaria y la dejen morir en paz. Los médicos le han dicho que su vencido corazón podría dejar de latir en un plazo de seis meses.
La muchacha cuenta con el apoyo de sus padres, a quienes en un primer momento el hospital pensó en demandar y quitar la custodia de su hija para obligarla a pasar por el quirófano. Pero la capacidad de convencimiento de Hannah y la lógica aplastante con la que ha sustentado su decisión acabaron por desarmarlos. Ahora la chiquilla podrá disfrutar de sus hermanos y de su madre, cuya profesión es la de enfermera, quien la cuidará en casa hasta el final. Porque Hannah Jones ha dicho que quiere despedirse rodeada de los suyos y no en la fría habitación de una clínica.
La niña que le habla a los periodistas de la BBC con el aplomo de un adulto, lo hace sentada en el escritorio de su habitación, decorada en rosa y llena de peluches. Si no fuera porque sus latidos tienen los días contados, su dormitorio se confundiría con el de tantas adolescentes entretenidas con su compuradora y Cd de sus grupos favoritos.
Cuando Hannah le explica al mundo su empeño por conservar cierta calidad de vida antes que continuar tratamientos draconianos, a uno se le encoge el ánimo porque cree tener delante a los retoños que parimos y procuramos resguardar de cualquier peligro que pudiera arrebatárnoslos.
Si Hannah fuese mi hija y me dijera, sosegada y resuelta, que no quiere alargar una existencia llena de sufrimiento físico y limitaciones, haría de tripas corazón para acompañarla en el difícil tramo final. Me tragaría todas las lágrimas y ocultaría mi ira frente a la indiscriminada injusticia de la naturaleza para compartir con ella hasta el último segundo. La admiraría por su arrojo y por su capacidad, a pesar de su corta edad, para comprender que vivir es un derecho y no una obligación.
Hannah ha tenido la suerte de crecer en una sociedad en la que el sistema la ha escuchado antes de desoír su ruego. Todas las partes involucradas en esta triste historia examinaron su situación y valoraron bien su postulado. Hannah Jones es rubia como la nieve y su mirada es transparente como un día sin nubes. Desde su habitación mortal y rosa defiende su noble causa como una filósofa de porcelana. Duele vislumbrar tanta lucidez en su cuerpo herido y menudo.
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