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Panamá, domingo 16 de noviembre de 2008
 

HOMENAJE. TRIBUTO PÓSTUMO A LA ARTISTA Y ACTIVISTA MIRIAM MAKEBA.

Un adiós para Mamá África

La cantante y luchadora contra la discriminación y la injusticia llevó la música y las causas del continente africano al mundo entero. Grandes artistas y personalidades le dieron el último adiós.

EMOCIÓN. Miriam Makeba era más que inspiración e intensidad. Su música trascendía el lenguaje y la cultura para hacerse universal. EFE/Cesare Abatte.1119138
Lina Vega Abad
panorama@prensa.com

Morir con las botas puestas no fue una frase retórica para Miriam Makeba. Aquella mítica Mamá África, que luchó desde siempre contra la desigualdad y la injusticia, murió a los 76 años de un ataque cardíaco, cuando el público le pedía más en un concierto en Castel Volturno –bastión de la Camorra al sur de Italia–, en apoyo al periodista Roberto Saviano, amenazado de muerte por la temible mafia napolitana.

“Más que cualquier otro ser humano, ella fue testigo presencial del nacimiento de un continente. Cantó en Nairobi con motivo de la independencia de Kenia; en Luanda, con la independencia angoleña; en la inauguración de la Organización de la Unión Africana en Addis Abeba. Para Samora Machel en Mozambique”, relata en la introducción de una reciente biografía de la cantante Stokely Carmichael, el líder del movimiento Black Power que estuvo casado y vivió con Makeba durante 10 años en Guinea.

POR LA IGUALDAD

Voz legendaria del continente africano –la primera estrella global de África– y símbolo de la lucha contra el apartheid, Makeba estuvo marginada durante más de tres décadas por el régimen racista sudafricano, pero el mundo la hizo suya.

Tras saltar a la fama en el Festival de Venecia de 1959 y participar en el musical King Kong, que en Sudáfrica solo se pudo presentar en universidades, el director de cine Lionel Rogosin incluyó sus canciones en el controvertido documental Come Back, Africa, que mostraba un doloroso retrato de la vida de los negros en Suráfrica. Con solo 27 años, Miriam Makeba se muda a Londres para evitar represalias.

La venganza del régimen de Pretoria llegaría en una forma muy cruel un año después, al impedirle acudir al funeral de su madre. Luego, al denunciar el apartheid ante la Organización de Naciones Unidas, el Gobierno sudafricano prohibió su música. El boicot duraría hasta 1990, cuando Nelson Mandela sale de prisión y es invitada a volver a su patria. “Fue como renacer. Que la gente siguiera sintiendo lo mismo por mí fue extraordinario. Todo lo que hice fue llorar”, comentó en aquella ocasión. En medio, estuvieron todos sus éxitos que incluyen entre otros muchos cantar junto a consagrados artistas como Miles Davis o Harry Belafonte y ganar un Grammy en 1966, convirtiéndose en la primera artista africana en lograrlo. En 1987, vuelve a la fama de la mano de Paul Simon y su gira Graceland, siendo pionera en lo que se llamó “música del mundo”, al mezclar canciones sudafricanas con jazz, soul y pop. Con el nuevo siglo vinieron dos importantes reconocimientos: el premio de la Paz Otto Hahn en 2001 y el Polar Music Prize de la Real Academia Sueca de la Música en 2002.

‘PATA PATA’

El ortopeda panameño Samuel Edwards, descendiente directo de aquellos trabajadores que llegaron desde Jamaica para unirse a la fuerza laboral del Canal de Panamá, recuerda cuando su padre trajo a casa un disco de Miriam Makeba y como el hecho estaba relacionado con la lucha contra el apartheid local: ese terrible régimen del gold y silver roll impuesto por el enclave colonial ya desaparecido. La cantante sudafricana se convirtió entonces en icono de los negros panameños que también luchaban contra la segregación racial. Uno de esos discos contenía aquella célebre canción que nadie entendía, pero que hizo bailar a medio mundo. El Pata Pata sonó en todas las radios, discotecas y fiestas privadas, trayendo incluso su propio paso de baile y convirtiendo a su autora e intérprete en una celebridad. “Miriam Makeba rescató la música africana para bien de la humanidad y orgullo del África negra”, comentó Edwards tras enterarse de la muerte de la cantante y activista el pasado lunes.

No en vano la noche del 4 de noviembre, cuando celebraba con amigos el histórico triunfo de Barak Obama como primer presidente negro de Estados Unidos, Edwards entonó los acordes del Pata Pata, como himno de alegría e igualdad. Esa igualdad por la que luchó siempre Miriam Makeba con gran intensidad y valentía. Solo una mujer como ella pudo casarse con el líder de las Panteras Negras, que era perseguido por los federales y los racistas de Estados Unidos, y solo a ella se le ocurrió desafiar a la nueva mafia italiana el día que murió. Lo hizo cantando.

Makeba, de regreso en casa

La trompeta del gran músico sudafricano Hugh Masekela, quien fuera esposo de Miriam Makeba, vibró emocionada ayer sábado en el Northgade Dome de Johannesburgo, donde cientos de sudafricanos –políticos, músicos y artistas, además de familiares– acudieron a darle el último adiós a la cantante muerta el pasado 10 de noviembre en Italia a los 76 años. El cuerpo de Makeba llegó a su natal Suráfrica el pasado miércoles, donde las banderas a media asta dan cuenta del dolor que ha producido la muerte de quien denunció en cada tribuna a la que tuvo acceso, los horrores del régimen racista que la hizo abandonar su patria por 30 años. Descrita por el ex presidente Nelson Mandela como “la madre de nuestra lucha y de nuestra joven nación”, Miriam Makeba está de regreso y ahora para siempre en su tierra amada.

© 2008. Corporación La Prensa. Derechos reservados.
 
 
 
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