CASO DELGADO
Deber del Presidente de la República
Dídimo Méndez Goitía
opinion@prensa.com
Hace ya varios días me enteré por el diario La Prensa, del asesinato cometido por un oficial de la antigua Guardia Nacional, en contra de un cabo –apellido García–, en 1970.
Resulta difícil creer que un ser humano, en aquel entonces teniente, tuviera el coraje o la cobardía de asesinar a un subalterno en su propia casa y desarmado; no importa cuál hubiese sido la falta.
Sencillamente no hay justificación; y peor todavía que ese teniente nunca fue juzgado por los tribunales ordinarios de hacer justicia. Peor aún, que a este señor teniente en vez de castigarlo –de acuerdo con la Constitución y la Ley– lo premian sus jefes, hasta donde he oído, ascendiéndolo hasta llegar al rango de teniente coronel.
Para colmo, el excelentísimo señor Presidente de la República lo distingue con el cargo de ministro de Gobierno y Justicia.
Tal vez el Presidente no conocía la historia, récord policivo del señor ministro, pero ya lo sabe y en lugar de destituirlo le concede una licencia de 30 días sin sueldo.
Señor Presidente, con todo respeto, permita preguntarle: ¿qué es lo que le pasa?, ¿cuál es su problema, que usted no toma las medidas o decisiones que cualquier superior y más un Presidente de la República había tomado desde que se descubrió el delito tan bien guardado por 38 años?
Señor Presidente, quiero informarle que a mí no me anima ningún interés político, pues desde 1968, cuando los partidos políticos fueron decapitados, jamás me he inscrito en ningún partido de oposición ni de gobierno, pero no por eso he dejado de ser panameño.
Señor Martín Torrijos Espino usted es el Presidente de la República, distinción ésta que los pueblos o los ciudadanos deben hacer a sus hijos más preclaros, más meritorios, más correctos, más ejemplares, con una hoja de vida tanto privada como pública digna de imitar.
A usted la ciudadanía lo eligió en unas elecciones democráticas y puras Presidente de la República, yo pienso que lo menos que debe hacer es honrar el cargo y salir con la frente en alto. Y es que en los puestos o cargos públicos no caben los amiguismos, los parentescos, ni el partidismo.
Así pues, excelentísimo señor Presidente, todavía está a tiempo de cumplir con la Ley y puede estar seguro de que así los panameños se lo reconoceremos.
¡Mis felicitaciones!
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