La hambruna silenciosa de Haití
Dolor, hambre, sed, desolación, medio millar de muertos y cientos de miles de damnificados son la realidad actual de la isla de Haití. Debido a las tormentas tropicales Fay, Ike, Hanna y Gustav miles de haitianos sufren en pueblos, en donde es difícil llevarles ayuda.
aLEJANDRO bALAGUER
ESPECIAL PARA LA PRENSA
vivir+@prensa.com
El costo de haber deforestado intensamente cada espacio del campo haitiano durante siglos ha llevado a la desertificación y ha permitido que las tormentas ocasionaran severas inundaciones, erosión y deslizamientos de tierra.
Sin esas barreras naturales de contención, las cosechas y la calidad de las aguas se han visto seriamente quebradas, comprometiendo la vida de la gente.
Las plantaciones de maíz, sorgo, yuca y bananos han sido destruidas por el lodo, al igual que miles de vacas que se han ahogado en el fango.
Se suma la pérdida de carreteras, puentes, embarcaciones pesqueras y canales de riego que también fueron arrasados por la ferocidad de las tormentas, agravando aún más la disponibilidad de alimentos.
La naturaleza pasó una cruel factura al pueblo haitiano, una realidad con la que tienen que lidiar a diario los socorristas de la Cruz Roja Haitiana y de la Federación Internacional de la Cruz Roja y Media Luna Roja.
Rafael Olaya, liderando la región del Caribe para la “Federación”, me recibe en las afueras del centro de Puerto Príncipe, donde coordina las operaciones de la organización humanitaria. “Más del 80% de la producción agrícola se perdió, al igual que la disponibilidad de agua potable. Esto ha agravado la crisis alimentaria crónica que sufría el país. Ahora estamos en la fase de dar asistencia básica y luego pasaremos a la segunda fase que será de suma importancia para el país, ya que se trata de recuperar los campos para que vuelvan a ser cultivables”, me explica Olaya.
Mucha gente ha migrado del campo a la ciudad, la hambruna y la sed se dejan sentir tanto en las calles de Puerto Príncipe como en los poblados rurales y en los campamentos de refugiados de gente humilde que ha perdido casi todo.
La cooperación internacional no se da abasto para dar asistencia. Guiteau Jean Pierre, segundo al comando de la Cruz Roja Haitiana, me recomienda ir a Cabaret, un poblado de agricultores donde él nació, y fue devastado por las inundaciones de lodo tras la última tormenta: “Cuando vayas a Cabaret verás la desolación, es triste ver los campos arruinados donde hubo bananos, los puentes destruidos, las casas cubiertas de lodo, los campamentos dando asistencia a los que no tienen qué comer, y comprenderás allí por qué Haití necesita de más ayuda ahora, hoy”.
VEA Señal de alerta en el Caribe
|