PINTADA DE VERDE
Lina Vega Abad
lina@prensa.com
POPURRÍ. Pasada la jarana de los días patrios, incluidos los patéticos pataleos del fallido candidato, estamos otra vez en la brega. Por los lados de la Asamblea avanza el proceso de participación de los grupos que intentan que se desande el camino andado a hurtadillas por los diputados, para permitir la pesca de atún con redes de cerco. A las sesiones acuden representantes del grupo empresarial español que –¿existe alguna duda?– impulsó el famoso gol legislativo. Y en un intento por mantener lo logrado, aseguran que demandarán a Panamá.
Realmente no entiendo; nadie les ha impedido montar sus granjas atuneras –aunque el lugar elegido para establecerlas es muy cuestionable–, el asunto es que tienen que ir a buscar el atún lejos de nuestras costas. “Que es más difícil y costoso”, pues ese no es problema nuestro y, desde luego, deja sin fundamento alguno la amenaza. O acaso quieren acabar con nuestro recurso marino pescando en un área que se ha convertido en un refugio, no solo de los cardúmenes de atún, sino de otras especies en peligro.
Es, imagino, como los safaris a los que acude cada tanto el Daktari local: nada de riesgos de no poder mostrar la foto… que la caza esté garantizada en el precio del tour. No como Sarah Palin y sus amigos de la asociación del rifle, que tienen que fajarse para cazar por las frías tierras de Alaska. Tanto como habrán de fajarse Richar Fifer y su coleguita en la próxima reunión de accionistas de Petaquilla Minerals en Vancouver, justo cuando se conocen los informes de la Autoridad Nacional del Ambiente sobre los destrozos causados en Coclesito y los procesos penales en marcha. Además, un reporte de la Contraloría asegura que la empresa no ha pagado la fianza ambiental de 3 millones de dólares que estableció el contrato-ley. Y ahora, ¿cómo cobraremos el daño hecho?
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