HORA DE RECTIFICAR
Una gestión destructiva
Arón Benzadón Cohen
opinion@prensa.com
Da pena transitar por nuestra ciudad. Hay desorden por doquier, suciedad, falta de aceras, calles llenas de cráteres, áreas inundadas, destrucción de ríos y bosques protegidos y no protegidos, en fin, vemos una imagen de destrucción del entorno urbano en el cual vivimos.
Empezando por las calles, no hay una que no esté destruida a consecuencia del boom de la construcción. En los alrededores de la Avenida Balboa, Bella Vista, Obarrio o San Francisco, no queda calle transitable.
A quienes les conviene dirán que eso es el progreso, que las edificaciones traen empleos e inversiones, olvidando que ese mismo “progreso” incontrolado genera falta de agua potable en innumerables sitios, porque no hay reserva para el crecimiento de la población.
Los alcantarillados se desbordan porque están sometidos a una cantidad de desechos para la que no fueron planificados. Faltan aceras y se esperan cortes de energía eléctrica durante el verano. Es decir, estamos teniendo una imagen de Miami con la infraestructura de Puerto Príncipe.
Los cambios de zonificación están acabando con los barrios tradicionales y señoriales de nuestra ciudad, a cambio de pingües ganancias. A otro con el cuento de que estos cambios benefician al país, cuando en verdad son para beneficio de unos pocos.
Transitar por nuestra ciudad es cada vez más caótico. El caos que causaban los cierres de calles de los grupos sindicalistas, ahora lo provoca el Ministerio de Obras Públicas (MOP) y los policías de tránsito, quienes en un claro trabajo de equipo, se encargan a diario de hacernos la vida más miserable.
¿Será toda esa construcción progreso o habrá otro motivo? Por ejemplo, me cuesta trabajo aceptar que la autopista Panamá–Colón haya sufrido un “pequeño incremento” de 164 millones de dólares más de lo presupuestado (según declaraciones del jefe de los batalloneros, La Prensa 17 de octubre 2008), mientras que, según el mismo batallonero, la cinta costera mantendrá el costo inicialmente presupuestado.
¿Será que el batallonero piensa que somos idiotas? El aumento de la autopista es de 56.7%, ¿en qué cabeza cabe llamar semejante aumento “pequeño”? Además, sabemos que en ambos proyectos la empresa constructora es la misma, Odebrecht. ¡Todo queda en casa! No precisamente en la casa del Estado. Sería interesante ver la declaración de bienes del batallonero mayor al final de su gestión.
En las postrimerías de su mandato, este gobierno quiere dejar obras, pero, ¿a qué costo? Se han dado en concesión grandes extensiones de terreno para explorar y explotar minerales sin tomar en cuenta la afectación del ambiente.
El viernes pasado La Prensa destacó algunos de los daños causados por una empresa minera, incluyendo la tala ilegal de 54.2 hectáreas de bosque. ¿Cómo es posible que el Ministerio de Comercio e Industrias (Mici) permita la destrucción y devastación de nuestro terruño?
Panamá, con un poco más de 75 mil Km2 de superficie, tiene preciosas costas en ambos océanos, y una riqueza de flora y fauna que nos mantienen como una joya de la naturaleza.
Si seguimos así, de nada van a valer “las sonrisas gratis”, porque nadie va a querer hacer turismo de destrucción.
Por el bien de todos, es necesario poner un fin al desenfreno y enderezar la gestión del Estado para que beneficie a las futuras generaciones.
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