Espera, tortura mental
Los reos que esperan ser ejecutados son, curiosamente, menos violentos y perturbadores que los demás presos.
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| PALABRA. Pie. LA PRENSA/credito1115588 |
Michael J.
Carter
IPS América Latina
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El tiempo que los convictos deben esperar su ejecución va en aumento en Estados Unidos, despertando temores de que cada vez más sufran la enfermedad mental llamada “síndrome del pabellón de la muerte”.
En 1980, los reos estadounidenses esperaban su ejecución, en promedio, 6 años. Hoy, aguardan 12 años, según el Departamento de Justicia. El aumento se debe, sobre todo, a apelaciones.
Los condenados pasan la espera solos en sus celdas. No reciben visitas ni participan de los programas de entrenamiento y recreación.
“El síndrome del pabellón de la muerte conduce a agitación y conductas autodestructivas”, dijo Stuart Grassian, ex profesor de psiquiatría de la Universidad de Harvard. Los sanos, explicó, a menudo se enferman de la mente, y en los que ya tienen patologías mentales se produce un deterioro severo”.
“Con el tiempo, el reo aprende que no puede hacerse amigo de sus compañeros, porque éstos siguen desapareciendo en la cámara de la muerte. La agonía y la tensión son insoportables mientras otro decide si uno vive o no”, agregó.
Activistas de derechos humanos sugieren que esa enfermedad mental puede haber jugado un rol en la decisión de 131 condenados que desde 1976 han abandonado su apelación, ofreciéndose “voluntariamente” para una ejecución rápida, dijo Grassian. 75% de ellos, según John Blume, profesor de derecho en la Universidad de Cornell, tenía antecedentes psiquiátricos.
Activistas también alertan las dificultades que pueden enfrentar los reos con el “síndrome del pabellón de la muerte” cuando sus apelaciones tienen éxito y reciben una sentencia menor, siendo transferidos a celdas corrientes. Pero la adaptación, dicen, es peor si se los exonera y abandonan la cárcel.
Expertos cuestionan el razonamiento detrás de las condiciones austeras que rodean al pabellón de la muerte. “La lógica es que esos reclusos no tienen nada que perder y por eso son potencialmente el mayor riesgo a la seguridad, pero se ha demostrado que ellos son menos violentos y perturbadores que muchos otros grupos”, dijo Grassian.
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