[TENSIONES]
żLa una … qué ?
La tensa situación argentino–uruguaya, más allá del momento, es menos difícil que las planteadas entre Ecuador y Colombia, y entre ésta y Venezuela... 1115902Danilo Arbilla
El mes próximo se reunirán en Bahía, Brasil, los presidentes suramericanos para designar al secretario general de la Unión de Naciones Suramericanas (Unasur) y avanzar en la consolidación de esta novel organización regional. No va a ser fácil: ni la designación del máximo funcionario del organismo ni que éste tome fuerza como un instrumento de acción continental.
No es que ya vaya a correr la suerte de tantas ideas como las del mega gasoducto o del ejército continental o de la moneda única sudamericana, todas salidas de la mente creadora del comandante Hugo Chávez. Es una realidad, empero, que si se escarba, en más de una cancillería campea el escepticismo sobre el futuro de este “espacio sudamericano” cuyo tratado constitutivo fue firmado en mayo pasado en Brasilia. Ahí se acordó, además, que la sede de la Unasur estaría en Quito, Ecuador, y que su secretario general iba a ser el ex presidente ecuatoriano (1988-1992) Rodrigo Borja Cevallos.
Borja renunció antes de asumir. Entendió que al cargo no se le dio el poder ni las jerarquías que sus tareas requerían. En definitiva, se trata un mero secretario coordinador entre los representantes y delegados permanentes y por debajo del Consejo de Jefes de Estado y de Gobierno y del Consejo de Ministros de RREE.
Fue entonces que al presidente Rafael Correa, quien en materia de ocurrencias no le va a la zaga a Chávez, se le ocurrió ofrecérselo al ex presidente argentino Néstor Kirchner. Correa incluyó en su propuesta el cambio de sede, la que sería trasladada a Buenos Aires para mayor comodidad de Kirchner, lo que implicara ya una primera modificación del tratado. Así de sencillo, si no fuera que la designación del secretario general requiere el voto unánime de todos los miembros y que la candidatura de Kirchner fue vetada de inmediato por el presidente Tabaré Vázquez de Uruguay.
Conocida la propuesta ecuatoriana, el Gobierno uruguayo rápidamente comunicó a la presidenta de turno, la mandataria chilena, Michelle Bachelet, que no acepta el nombre de Kirchner a quien hace responsable de no haber solucionado el bloqueo de los puentes sobre el Río Uruguay y de no asumir sus obligaciones en el dragado de un canal de navegación común en el Río de la Plata.
Si la esposa de Kirchner, Cristina Fernández, hoy presidenta, no resuelve esos temas y asume un compromiso en ese sentido ante todas las naciones, Uruguay mantendrá el veto.
El asunto está que arde. Kirchner ya le anunció a Bachelet que si él no es designado, Argentina vetará cualquier otra candidatura, cerrándole el paso, por ejemplo, al candidato boliviano que parecía ser una alternativa y una salida al diferendo. El gobierno de Vázquez recibió, bajo cuerda por supuesto, los plácemes de varias cancillerías, a las que la decisión uruguaya les evitó tener que tomar una actitud parecida. Es que solo a Correa se le ocurre sugerir para un cargo que debe ejecutar órdenes y coordinar y hasta armonizar tareas y posiciones, a un hombre comoKirchner demasiado proclive a la confrontación.
Por si eso no bastara, no es posible manejar para un cargo de ese tipo el nombre de alguien que está totalmente inmerso en la lucha política interna de su país. Incluso hasta resulta bastante fuera de lugar cambiar la sede a Buenos Aires, sobre todo para una iniciativa que surgió de los laboratorios de Itamaratí, la infatigable y siempre tejedora cancillería brasileña.
Sin duda el tema va exigir mucho esfuerzo. Porque la tensa situación argentino–uruguaya, más allá del momento, es menos difícil que las planteadas entre Ecuador y Colombia, y entre ésta y Venezuela o las diferencias fronterizas que existen entre Chile y Perú; Chile, Perú y Bolivia; y Ecuador y Perú, y las de tipo económico de Brasil con Bolivia (por algo las cosas no se le estabilizan a Evo Morales) y las planteadas o a plantearse con Paraguay por la represa de Itaipu, por citar solo las más llamativas.
Para lograr unidades y consensos, hay que estar dispuestos a ceder y esa no parece ser la principal característica que surge de ese cuadro de situación. Además ceder es uno de los pocos verbos que no sabe conjugar Itamarati, que, a parecer, es la madre de toda esta idea.
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