RECUERDOS DE LA DICTADURA
El cuento oculto de los militares
Ricardo Lombana
opinion@prensa.com
Nadie escapa de su pasado. Esto aplica a los seres humanos, tanto individualmente como agrupados en sociedad. Y es por eso que los panameños estamos condenados a pagar, a lo largo de nuestra historia, el fracaso que como sociedad significó que después de 21 años de cruel dictadura, no hayamos sido capaces de someternos a un proceso interno de reconciliación nacional.
Otros países que han pasado por conflictos más sangrientos y profundos que el nuestro, supieron –luego de intenso debate– poner en práctica complicados ejercicios de reconciliación, en los que los criminales fueron sometidos a juicios públicos tipo cabildo y brindaron confesiones tan detalladas como desgarradoras de cuanta atrocidad hubiesen cometido, para luego ser condenados por sus crímenes, no sin antes pedir perdón públicamente. Todo lo anterior complementado con una indemnización del Estado a los familiares de las víctimas. Los panameños no fuimos capaces de hacer lo propio. Desafortunadamente, la Comisión de la Verdad no logró ese objetivo de justicia reconciliadora.
¿Y cuál es la consecuencia de no haber tenido un proceso de reconciliación? Veamos. Hace unas semanas el diario La Prensa publicó las acusaciones de un homicidio ocurrido hace casi 40 años, hechas por los familiares del cabo Andrés García contra el señor Delgado Diamante, lo cual ha tenido –en adición al torbellino de problemas para el gobierno– un efecto curioso en algunos ex militares del patio.
¿En qué estamos pensando los panameños? ¿Cómo es posible que ahora tanto los titulares de periódicos, como los programas televisivos y radiales estén secuestrados por las voces de ex militares, sean estos embajadores, ministros, retirados, o de los que huyeron de suelo patrio? Y nosotros, haciendo la única –pero grave– excepción a nuestro característico juega vivo, nos comemos todos los cuentos de los “ex hombres fuertes” y sus subalternos. ¡Qué vergüenza!
Yo me pregunto como panameño: ¿quién les cree a estos señores? Y encima, todos se contradicen. Pero no me crea a mí tampoco, y pregúntese usted: ¿Les cree? Todos ellos tuvieron participación, en distintos grados, en la peor época de Panamá, en la que se escudaron tras el uniforme militar para conculcar los derechos fundamentales de los panameños. Y ahora, cuales sacerdotes decididos a revelar cuanto secreto han guardado, empiezan a “cantar” sus pedacitos de historia republicana. Acepto que tienen derecho a hablar; pero luego de haber tenido tantos años para contar la verdad, lo mínimo que deberíamos exigirles es que lo hicieran formalmente frente a un fiscal o tribunal de justicia, y así no solo contribuirían con el esclarecimiento de crímenes, sino que además lo harían bajo la gravedad de juramento.
El colmo fue que hubo uno –el retirado– que confesó en televisión que tanto él como sus colegas, entonces superiores de Delgado Diamante, fueron los responsables de que no se investigara la muerte del cabo García. No es necesario estudiar derecho para interpretar esas declaraciones como una confesión de encubrimiento, por lo cual también debería abrirse una investigación contra el confeso.
Estas son las consecuencias de no haber sido capaces, como sociedad, de hacer justicia y lograr una reconciliación, que no debe ser mal entendida como un olvido de lo ocurrido, pero sí como un ejercicio de tolerancia y madurez que nos hubiese permitido pasar la página. Solo así hubiésemos evitado el espectáculo que hoy nos brindan nuestros ex militares.
Es por eso que los medios de comunicación tienen la obligación, más aun si se trata de crímenes del régimen militar, de seguir escarbando hasta que los panameños sepamos la verdad sobre cada una de las muertes ocurridas entre 1968 y 1989. No importa cuántos años hayan pasado.
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