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Panamá, domingo 9 de noviembre de 2008
 

ENTUSIASMO

Obama, ‘Frenasexo’ y Pedro Navaja

Daniel R. Pichel
dpichel@cardiologos.com

Barack Obama ha ganado las elecciones de Estados Unidos después de una terriblemente agria campaña electoral plagada de insultos y ataques personales. Por supuesto, en “USA” hay que hacer propuestas y no es concebible una campaña vacía como las que padecemos los panameños. Los issues fueron: las consecuencias de la insaciable codicia neoliberal que tendremos que sufrir todos por la irresponsabilidad de unos cuantos. La inexplicable guerra de Irak, y la injusta situación del sistema de salud estadounidense donde más de 50 millones de personas no tienen acceso a un seguro que les garantice la más elemental atención de salud, principalmente, preventiva. Es un hecho que Obama articuló desde el principio una campaña muy interesante que se alejó de los métodos tradicionales de hacer política. Su candidatura, sin respaldo y sin fondos, crea una red de donantes entre quienes nunca habían sido tomados en cuenta para financiar campañas. El sistema de pequeñas donaciones, generó un entusiasmo inusitado en quienes siempre se sintieron observadores del proceso político para ser repentinamente actores del mismo. El discurso de campaña optimista, y basado en la recuperación de la confianza y credibilidad de Estados Unidos como nación democrática y respetuosa entusiasmó a una juventud tradicionalmente apática. Así, la convención demócrata, donde se ratifica su candidatura, fue un evento lleno de color, entusiasmo, alegría, energía y positivismo, en contraste con la republicana que mostraba gente seria, agresiva y tradicionalista que hacía pensar en una extensión de la visión cavernícola y de “mal humor” que “Bush years” diseminaron por el mundo.

Ahora, los votantes estadounidenses han apoyado claramente a quien fuera calificado como “demasiado liberal”, “socialista”, “inexperto” y “anti-americano” (los últimos anuncios de McCain llamaban a “votar contra los enemigos de América”). La diferencia de más de siete millones de votos y el control del Congreso y el Senado, le dan al presidente Obama la autoridad para propiciar cambios sociales profundos donde se tomen en cuenta los intereses de las mayorías y no solo de los cuatro o cinco bellacos que financian campañas, especulan con dinero ajeno y comercian con la fe, el petróleo y las armas. Su victoria sugiere que la nueva generación de Estados Unidos está harta del bipartidismo radical, cree en el derecho a la mujer de decidir si quiere o no hacerse un aborto, cree en los derechos de los homosexuales a formar familias, cree en la necesidad de que el Estado tome responsabilidad social y cree en la necesidad de salir de Irak apenas sea posible. Lo que implica, un rechazo al fanatismo conservador que tanto daño ha hecho y que el mundo civilizado cada vez deja a un lado para dar paso a sociedades laicas y abiertas.

Otro tema fue la cantaleta de “las minorías” y la discriminación. Como bien dijo Colin Powell, Obama ha sido un candidato estadounidense que resulta ser de raza negra. Su discurso no fue “racial”, no mostró odio y llamó siempre a la unidad de todos los habitantes de EU. Pero no nos llamemos a engaños: la discriminación seguirá existiendo... contra negros, hispanos, homosexuales, chinos, ateos, o contra todo aquello que piense o actúe diferente de “la gran mayoría” que se cree con derecho a imponer su forma de pensar. Prueba es que, a los “diferentes”, se les sigue llamando “minorías”... La victoria de Barack Obama no debe ser vista como de una minoría sino como de la gran mayoría de estadounidenses que votó por él (sacó 52% del voto popular). Si el mundo comenzara a pensar de esta manera, seguramente muchos problemas encontrarían, si no una solución, al menos una alternativa. Ojalá, el presidente Obama logre cumplir sus promesas de campaña… el mundo se lo agradecerá…

Pero claro, mientras en el mundo las nuevas generaciones se niegan a vivir con discriminaciones o a ser simples herramientas del capital, en nuestro país “Frenasexo” sigue proponiendo discriminar descaradamente a los homosexuales, pretende negar información sobre anticonceptivos a la juventud e interferir con cosas tan básicas como la confidencialidad entre médico y paciente, para imponer esas mismas visiones conservadoras que el mundo desarrollado desecha para dar paso al progreso social.

Y ahora, para rematar, cuando un turista entra a la página de la autoridad de turismo de Panamá (www.atp.gob.pa), lo primero que se encuentra es una carta donde nuestro ministro regala sonrisas mientras “aprieta un puño dentro’el gabán” amenazando, en tono bastante xenofóbico, con darle un par de sopapos a un periodista ¡extranjero! que cometió el atroz atrevimiento de expresar su opinión… ¡Cuánto nos falta por madurar!…

© 2008. Corporación La Prensa. Derechos reservados.
 
 
 
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