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Panamá, viernes 7 de noviembre de 2008
 

ALIANZA CON LA COMUNIDAD

Inteligencia y nación

I. Roberto Eisenmann, Jr.
opinion@prensa.com

Para los seres racionales y civilistas es claro que la solución al incremento de la violencia en nuestro país es una profesionalización de la Policía civil, que no la militarización violatoria de la Constitución, autoría de Daniel Delgado Diamante, hoy separado y bajo sospecha de la muerte violenta de un subalterno (el peor pecado que puede cometer un militar).

O sea que para comenzar a resolver el gravísimo problema de la violencia, tenemos que volver a nuestro consenso nacional de seguir siendo un país desmilitarizado y neutral, como reza nuestra Constitución.

Luego, hay que entrar en un programa intenso de profesionalizar a la Policía civil y que la misma tenga una eficaz división de inteligencia policial. La Policía tiene que volver a hacer alianza con la comunidad. Esto requiere mejorar sus condiciones salariales, cambiarle sus uniformes –de lo militar hacia el de policías civiles–, equiparlos con un sistema de comunicaciones eficaz, y con transporte eficaz. El objetivo es reducir a minutos su respuesta a un llamado de la ciudadanía; éste tiene que ser el objetivo medible de la Policía. Esta medida es la más importante para todas las policías eficaces del mundo, y el resultado diario de la misma debe estar en el escritorio del jefe policial cada mañana.

El otro ingrediente es el de la inteligencia, tema muy complicado y peligroso. Hay tres tipos de inteligencia: la inteligencia militar, que tiene que ver con conflictos armados, cosa que para Panamá no debe existir por ser país desmilitarizado por Constitución; inteligencia policial, que es la que se dedica a la delincuencia y crimen organizado, que depende en gran parte de la alianza funcional de la Policía con la comunidad y la penetración que logre en los grupos de delincuencia y crimen organizado y, finalmente, la inteligencia estratégica, que tiene que ver con la seguridad racional que –para Panamá– implica mayormente la concerniente al Canal, lo que convierte en vital la cooperación internacional civil.

En esto, para citar a un autor colombiano, el esfuerzo de inteligencia se hace para asegurar el carácter democrático del Estado y por lo mismo –medios y fines– ha de tener límites, cuya violación debe constituir delito y debe tener la supervisión del Órgano Legislativo para asegurar la confiabilidad de que dicha “inteligencia” no logre convertirse en ente aparte impune y por encima de la ley sobre derechos ciudadanos.

Entre los decretos malignos que deben irse con su autor hay uno de Inteligencia, armado por los militares como un nuevo G–2. Es más, el teniente coronel Delgado Diamante ya constituyó una planilla secreta de oficiales militares jubilados que responden sólo a él, para llevar a cabo labores de inteligencia contra la población civil, a nivel nacional.

Delgado Diamante aún no se ha dado cuenta del nivel de odio que produjo en la tropa el que él haya matado impunemente a un subalterno desarmado, nivel de odio que se multiplicó geométricamente cuando con su arrogancia natural llegó a ser ministro de Justicia. Ahora y para siempre, cada uno de sus malévolos movimientos son destapados por la tropa que por fortuna vive hoy en democracia.

El no haber informado al Presidente sobre el esqueleto que tenía en el clóset antes de aceptar el ministerio, no deja al Presidente otro camino que destituirlo (llámese con elcosmético que se llame la destitución), y por allí mismo derogar los decretos malévolos de su autoría para sanar, de una vez y para siempre, la horrible fractura que produjeron en la sociedad. Así los panameños podremos volver a enfocar las elecciones venideras como adversarios (y no como enemigos) en un sistema político consensuado por todos.

Ojalá que así sea para bien de la nación que tanto queremos todos. Volveremos todos a funcionar de acuerdo a nuestras simpatías partidarias, pero “en el campo feliz de la unión”.

PD. Tengo que comentar sobre la increíble e histórica elección del presidente electo Barack Obama. Además de ser inspiradora, en muchos sentidos es fundamentalmente liberadora. Libera a los negros y demás minorías de una larga injusticia, y libera a la mayoría blanca de una pesada carga de conciencia histórica. Ahora sí que existe “el Sueño Americano” para la totalidad de la población de ese gran país. El discurso de Obama fue una pieza de inclusión, y el de McCain uno de madurez política tal como lo fue el de George W. Bush.

¡Cambiará el mundo!

© 2008. Corporación La Prensa. Derechos reservados.
 
 
 
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