Una larga espera por el pago de las jornadas trabajadas
El 5% de los docentes que ingresan al sistema educativo, espera hasta cuatro meses antes de que le hagan efectivos los primeros pagos.
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| DESASOSIEGO. A pesar de no recibir sueldo, Martínez sigue dictando clases. LA PRENSA/David Mesa1112703 |
Urania cecilia molina
umolina@prensa.com
Seis meses lleva Julio Martínez, profesor del Instituto José Dolores Moscote, en el corregimiento capitalino de Río Abajo, esperando a que el Ministerio de Educación (Meduca) le cancele el salario que le corresponde por dictar las asignaturas de cívica y lógica.
La larga espera lo ha obligado a vivir de préstamos y a expensas de su madre y de su hermana, quienes le ayudan a cubrir los gastos de alimentación y traslado.
Martínez ingresó por primera vez al sistema el pasado 28 de abril, y un mes después comenzó a peregrinar hacia el Meduca para investigar por qué su cheque no llegaba al colegio.
“Me decían que no me preocupara, que la próxima quincena cobraba, pero llegaba la fecha y nada”, dijo.
Christian Sánchez, director de Recursos Humanos del Meduca, calificó el caso de Martínez como “excepcional”, pero reconoció que el 5% de los mil 500 docentes que ingresan por primera vez al sistema, tarda hasta cuatro meses para cobrar.
Informó que en la misma situación hay otros 750 maestros de programas ajenos al proceso de selección del Meduca.
Explicó que el pago de Martínez se retrasó, por inconvenientes que se presentaron al momento de su nombramiento, como el hecho de que la plaza que ocupa no estaba liberada.
“El profesor reemplaza a otro que realiza funciones administrativas”, dijo.
Aseguró que las quincenas que adeudan a Martínez se harán efectivas el próximo 15 de noviembre.
Enfermedad y espera
A Martínez la falta de dinero lo afecta más, porque padece de insuficiencia renal crónica y vive en Arraiján (12.8 kilómetros al oeste de la provincia de Panamá).
Tres veces por semana se somete a diálisis en el Complejo Hospitalario Metropolitano. Sale del hospital a las 10:00 de la noche, llega a su casa dos horas después, porque debe viajar en el transporte público, y al día siguiente se levanta a las 4:00 de la mañana para estar antes de las 7:00 en el colegio.
La promesa del salario para la próxima quincena se la toma con escepticismo, porque ya está acostumbrado a escucharla una y otra vez.
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