CORDURA PREELECTORAL.
Limar las asperezas políticas
Daniel Rivera
opinion@prensa.com
El ambiente político que estamos viviendo en el presente, de cara a los comicios electorales del año entrante, paulatinamente nos está llevando a los escenarios que existían en el país antes del golpe militar de 1968. Pareciera que lo que quieren algunos sectores es volver a enquistar en el centro del poder a los militares que nos gobernaron entre 1968 y 1989.
Lo que vemos y vivimos en la actualidad, no tiene mucho que envidiarle a las campañas del pasado, en donde hasta derramamiento de sangre se daba producto de las simpatías políticas de aquellos tiempos; por eso, le pregunto a nuestros políticos de ahora si están añorando ese pasado turbulento, trastocando con ello el poco avance que ha tenido la democracia que tanto nos tocó establecer en el país.
Puedo, ante lo planteado, parecer escéptico, pero nadie me puede discutir el hecho de que la diatriba, el dime que te diré y la sacadera de trapos sucios, limpios o inventados, para nada beneficia el torneo electoral que ya está a la vuelta de la esquina.
Pero lo curioso de todo esto es que los respetados y honorables magistrados del Tribunal Electoral, hasta el momento, parecen no haberse dado cuenta de esto o, simplemente, están mirando para otro lado, esperando a que se incrementen estos ataques para salir después a sanar las heridas políticas que puedan quedar de esta refriega.
Por su lado, la Iglesia católica, representada por el arzobispo José Dimas Cedeño, ha dado la voz de alerta pidiendo a los políticos que bajen el tono que están utilizando en esta adelantada campaña política que para nada beneficia al país.
Es hora de que quienes aspiran a conducir las riendas de nuestra nación, entiendan que lo que nosotros –sus electores– queremos escuchar son propuestas sobre cómo van a frenar el acelerado índice de criminalidad existente, qué alternativas tienen para sacar a la educación del oscuro y pantanoso estado en que se encuentra, cuáles son los planes que tienen para mejorar los servicios de salud, el transporte, qué estrategias implementarán para que todos los panameños puedan acceder a ese crecimiento que tanto se pondera, pero que parece quedarse solamente en un sector de la sociedad, cuáles son sus ideas para reducir los precios de la canasta básica, sus estrategias para que el productor, el ganadero y todos los que mueven la economía de este país sientan la plena confianza de seguir produciendo, obteniendo buenos resultados.
Conocer el pasado de los candidatos es saludable, sin embargo, pareciera –como dije al principio– que estamos encaminados a volver a los tiempos en que la violencia era la que bajaba o subía candidatos.
Perdonen si exagero, pero la basura propagandística política que llega a nosotros, a través de la radio, la televisión, los periódicos o la internet, nos hace pensar que hacia allá vamos, si no le ponemos un alto a esta situación.
Y quién mejor que el Tribunal Electoral, como ente rector de las elecciones y órgano que plantea las reglas del juego de cara a cada torneo, para frenar esto. Los magistrados no deben esperar a que el problema se siga hinchando, porque puede convertirseen un tumor maligno que, cuando se quiera extirpar, puede ser demasiado tarde, porque el cáncer ya habrá invadido todo el organismo.
Ahora no vengan con la excusa de que como el torneo electoral no ha iniciado oficialmente, no pueden intervenir, porque para nadie es un secreto que la campaña se inició con las elecciones primarias de cada partido.
Hay que dar lugar a los debates sobre propuestas de cada candidato o candidata, y no solo hablo de los presidenciables, incluyo también a los candidatos a diputados, alcaldes o representantes de corregimiento. Son muchos los problemas que tienen las comunidades y los ciudadanos tenemos derecho a saber qué propuestas tienen los aspirantes a esos cargos para solucionar la falta de agua, de alcantarillados, de calles, de protección del medio ambiente y otros tantos males que nos aquejan.
Espero que este pequeño aporte no caiga en oídos sordos y que, por el contrario, sirva de reflexión a todos los políticos del patio para que dejen de lado esa nefasta actitud de tirar trastos a la cabeza del contrario, demeritando y desprestigiando al adversario. Al final todos somos panameños y aunque digan que quien gana recoge a los heridos y los invita a participar de su gobierno, sabemos que muchas veces se hacen o dicen cosas que impiden pasar la página.
El autor es licenciado en Relaciones Internacionales
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