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Panamá, viernes 31 de octubre de 2008
 

DESIDIA EN EL INAC.

La pérdida de un museo

1111676Milagros Sánchez Pinzón
opinion@prensa.com

Hace 22 años la comunidad chiricana entregó al Instituto Nacional de Cultura (Inac) la última estructura de dos plantas que quedaba en la ciudad de David, representativa de la arquitectura del siglo XIX. Está ubicada en el casco antiguo de la ciudad y sirvió de residencia a don José de Obaldía Orejuela, distinguido patricio que ocupara en cinco ocasiones el solio presidencial de Colombia y fuera el proponente de la ley que creó la provincia de Chiriquí, en 1849.

Luego de 10 años de trabajo ciudadano, el inmueble quedó convertido en la sede del Museo de Historia y Arte José de Obaldía Orejuela, en homenaje a su memoria. Allí concurrieron, voluntariamente, en un gesto de cariño por la historia, descendientes de más de 100 distinguidas familias chiricanas a depositar valiosos objetos suyos que habían sido celosamente conservados a través de generaciones como tesoros llenos de los viejos recuerdos de sus ancestros.

En un acto de buena fe, los chiricanos cometimos el grave error de entregarle, en 1986, esta magnífica pieza arquitectónica del decimonono, con su valioso contenido museístico, a la institución que se supone es la encargada de velar por la preservación y la conservación del patrimonio histórico de la Nación. Sin embargo, durante su administración, en estas dos últimas décadas, han “desaparecido” del Museo, más de 242 piezas de aquella colección. Artículos cuyos donantes, para exigir su reposición, han interpuesto las denuncias correspondientes. Investigaciones que no han prosperado.

A mediados de 2007, el entonces director nacional del Inac, Reinier Rodríguez, decidió asignar una partida para arreglar la fachada principal de este Museo, deteriorada por las múltiples filtraciones de agua, pero la medida fue suspendida a raíz de la llegada al cargo del señor Anel Rodríguez Barrera quien, según consta en su carta del 11 de diciembre de 2007, consideró “que este museo merecía y requería una mayor y mejor remodelación”. Lo único que resultó cierto de la nota fue que “se merecía”, porque no se tomó ninguna otra medida. Los trabajos de restauración nunca se ejecutaron y, sin explicación alguna, procedieron a llevarse los objetos del museo y los funcionarios a desalojar y dejar a su suerte el inmueble, que había sido declarado Monumento Histórico Nacional por la Ley 37 de 1996. Extraoficialmente, se ha sabido que dichas piezas fueron trasladadas a las instalaciones de nuestra Feria de San José. No sé por qué tiende a tener el mismo sabor que Juegos de antaño.

Es lamentable la forma cómo la máxima autoridad cultural del país ha custodiado este sitio, patrimonio de nuestra identidad regional y así vemos que aquel museo, entregado por una comunidad responsable como una tacita de oro al Inac en 1986, hoy, relegado a su suerte por sus funcionarios, se encuentra convertido en cueva de ladrones y drogadictos. A pesar de que movimientos conformados por representantes de diversos grupos cívicos y culturales de David, en conjunto con las autoridades del distrito, toman acciones para rescatar al Museo De Obaldía, nos queda el amargo sabor de una triste realidad, que nos lleva a hacer una reflexión: Si el Inac abandonó totalmente este monumento histórico en marzo de este año (desamparo institucional que lo ha llevado a su actual estado de deterioro) y el artículo 6 de la Ley 58 de 2003 establece una multa de 50 mil dólares para quien destruya sitios como estos, nos toca preguntarnos: ¿No le correspondería esa sanción a estas autoridades irresponsables?

La autora es historiadora y presidenta del Movimiento por la Restauración del Patrimonio Histórico de Chiriquí


© 2008. Corporación La Prensa. Derechos reservados.
 
 
 
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