LA TAREA DE RESCATAR LA DEMOCRACIA.
Gobiernos de asesinos
1110403Carlos Guevara Mann
opinion@prensa.com
Hay gobiernos que –como nos lo recordó Bobby Eisenmann– colocan agentes en los distintos niveles burocráticos, por cuyo tamiz comisionista pasan los negocios del Estado (La Prensa, 24 de octubre). Hay gobiernos que nombran en las altas posiciones gubernamentales a quienes tienen antecedentes de corrupción y terrorismo. Y hay gobiernos que encargan de la seguridad pública a quienes saben espiar, torturar y asesinar.
En esos gobiernos, un experto “manicurista”, que sabe cómo arrancar uñas causándole el mayor sufrimiento posible a su víctima, puede llegar a formar parte del gabinete. Quien haya sido escolta de dictadores, haya conducido a un grupo de alzados a su destino final o haya formado parte de un grupo subversivo puede también aspirar a ese cargo.
En el proceso de selección de los altos funcionarios, saber asesinar es una destreza muy cotizada. Asesinar con manopla –darle golpes con llave inglesa a un cristiano hasta reventarle la cabeza y luego tirar su cuerpo inerme a las límpidas aguas del mar océano– le acredita valiosos puntos a un individuo que le permiten aspirar a una posición ministerial. Manejar a la perfección el arte de matar con revólver –persiguiendo a su víctima por los vecindarios populares hasta penetrar su morada terrenal y acribillarla allí a balazos, frente a su aterrada familia– facilita, en los gobiernos del tipo señalado, el acceso a las más altas dignidades de la pirámide gubernamental.
Semejante cúmulo de habilidades constituye un pasaporte seguro al calabozo en una sociedad civilizada. En estados menos evolucionados, sin embargo, esas aptitudes son cotizadas por los sectores dominantes y tuteladas por el sistema judicial.
Además, los encargados de la vindicta pública patrocinan esos comportamientos delictivos. En vez de actuar de oficio, con base en declaraciones y denuncias de los deudos de las víctimas, escudan su inacción tras una supuesta falta de “evidencias” o ausencia de “expedientes”. Existe, sin duda, un concubinato escandaloso entre las autoridades judiciales y un gobierno proclive a designar homicidas en sus altos cargos.
A usted y a mí nos daría vergüenza estar sometidos a un gobierno formado por asesinos. Para evitar ese desenlace tenebroso, urge defender y replantear, continuamente, el sistema democrático. La actuación firme y decidida de las autoridades judiciales, lo mismo que la permanente militancia ciudadana, es fundamental para impedir que un Estado caiga en manos de delincuentes. Como lo ha dicho Miguel Antonio Bernal, no se puede construir una democracia “sobre la base de claudicaciones éticas y de la mano de la impunidad”.
Por todo lo anterior, es necesario apoyar las actividades convocadas por la Red de Democracia Ciudadana, como la que tendrá lugar hoy, a las 5:00 p.m., en la Calle 50, frente al Almacén Danté. Así que a protestar, como en los mejores tiempos de la sedición, para evitar que en nuestro país sea presa de quienes violan la ley y los derechos humanos.
El autor es catedrático de ciencias políticas y fue director general de Política Exterior
|