Una vez más la Universidad de Panamá nos revela las cifras de la educación superior, y con ello pone en evidencia el desfase que hay entre el verbo y la acción. Los estudiantes de colegiatura terminan con graves deficiencias que luego les impiden aspirar a una educación superior, pues el 60% de los que suscriben un examen de admisión, no alcanza los mínimos requeridos para ingresar.
Esta realidad compromete el futuro del país, porque nuestro desarrollo está indefectiblemente depositado en la masa estudiantil que durante 12 años recibe una instrucción insuficiente, limitada y obsoleta.
Con esas herramientas difícilmente podremos aspirar a revertir los bochornosos números de subdesarrollo, ignorancia y pobreza; muy por el contrario, en la medida en que las autoridades no le den un viraje definitivo al sistema educativo, concentrando esfuerzos en la calidad y no en la cantidad, estaremos condenados a convivir con la mediocridad y la terrible brecha socioeconómica que nos avergüenza. |