RECHAZO. MAÑANA ES EL DÍA MUNDIAL DE LA PSORIASIS.
Vidas cicatrizadas
Esta alteración produce lesiones escamosas en la piel y puede ser hereditaria. Afecta al 2% de la población mundial y su incidencia es similar en hombres y mujeres.
Diana N. González
digonzalez@prensa.com
Abatida. Así se siente Ana Elena, de 45 años, quien se rehúsa a aceptar que tiene psoriasis, una enfermedad de la piel que le ha cambiado la vida.
Haber perdido su casa, sus hijas y su matrimonio, le ocasionó un terrible daño emocional, más severo aún que las cicatrices en su cuerpo.
Como si fuera ayer, recuerda que la justicia panameña se puso en su contra. En 1992 fue sacada “a la fuerza” de su hogar tras considerar que las erupciones enrojecidas con aspecto de escamas en sus piernas y rodillas –propias de su enfermedad–, eran contagiosas, cuando en realidad no es así.
Buscó ayuda en el sector público de salud, pero ningún dermatólogo atinó con el diagnóstico. Le recetaron un compuesto de uso externo que le quemó la piel y le causó dolor en sus huesos.
Un médico norteamericano que participaba en programas de asistencia de salud por el interior del país, al verla, le dijo: “usted sufre de psoriasis”.
Pero Ana Elena seguía sin entender de qué se trataba. Volvió a escuchar sobre su enfermedad en 2003, a través de la Fundación Psoriasis de Panamá. Hoy cree que la mejoría en el aspecto de su piel se debe a la medicina botánica y al poder de su mente, que se negó desde un inicio a aceptar su condición.
Su caso no es el único. La psoriasis es una de las enfermedades dermatológicas más frecuentes, afecta al 2% de la población mundial y su incidencia es similar en hombres y mujeres.
En Panamá hay 60 mil pacientes afectados. Quienes la padecen luchan, además, contra el rechazo social por la ignorancia que hay sobre la enfermedad.
A Juan Esteban, esta patología le dio un revés cuando se disponía a culminar sus estudios secundarios, hace seis años. Su madre describe que la ignorancia de los médicos para identificar los síntomas, casi mata al muchacho.
A él le empezó como una simple caspa –que posiblemente se accionó por el estrés de los exámenes de fin de año– dice su madre. Los especialistas, sin tener un diagnóstico preciso, le inyectaron corticoides y al cabo de los días, su cuerpo se cubrió de placas rojas que a la fecha han sido difíciles de sanar. Desde entonces, se deprime con facilidad y no desea culminar sus estudios.
VEA Dolor que hace crecer
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