INDOLENCIA GUBERNAMENTAL.
De maremoto en maremoto
Berna Calvit
bdcalvit@cwpanama.net
Las noticias “que hacen noticia”, favoritas de los medios de comunicación para vender, son como los maremotos. Nos agarran desprevenidos, nos golpean, y arrasan con nuestra tranquilidad; y tal como hacen las aguas del maremoto antes de retirarse, dejan tras de sí pesadumbre y destrucción. Algo así pasa con las víctimas de los medicamentos envenenados con dietilene glicol; y las del autobús convertido en pira funeraria el 23 de octubre de 2006.
La canción Periódico de ayer, (Héctor Lavoe) podría cantarla el coro gubernamental a los dolientes, reemplazando la palabra amor, con “dolor”: “Tu dolor es un periódico de ayer que nadie más procura ya leer/sensacional cuando salió en la madrugada/y a mediodía ya noticia confirmada/ y en la tarde materia olvidada./ Tu dolor es un periódico de ayer/ fue el titular que alcanzó página entera/ por eso ya te conocen donde quiera/ tu nombre ha sido un recorte que guardé/ y en el álbum del olvido lo pegué”.
El tiempo transcurre, la frustración se mastica en amargo silencio y la indolencia gubernamental, en vez de sanar heridas, las profundiza; los sobrevivientes y familiares se quejan de no recibir las atenciones ni los servicios médicos, tal como les fueron prometidos. Pero a los tiranos del transporte, que nos victimizan y manejan el negocio a su antojo, el Gobierno los “compensará”, por salir del negocio con sus buses chatarra, 30 millones de dólares en 2009, adicionales a los 30 millones en el presupuesto de 2008 (La Prensa 15/10/08). Y como colofón, que amenacen con paralizar el transporte porque les parece poco.
En 24 meses 115 personas murieron en accidentes en los que estuvieron involucrados autobuses y mil 125 resultaron heridas. Indigna pensar que el Gobierno cederá (como han hecho los anteriores) porque en tiempo de elecciones no conviene “hacer olas”.
Y así, varios democráticos lustros de maremoto en maremoto. Afortunadamente, el que acaba de pasar no dejó tragedias: la participación y el triunfo de Margarita Henríquez en un certamen de cuyo nombre no quiero acordarme; ella nos deja el recuerdo de su linda sonrisa y su atractiva personalidad; y del concurso, el frenesí de los que engordaron los saldos bancarios de las telefónicas, las televisoras y de los dueños del certamen. Y pasando el de Margarita, en tiempos electoreros, nos llegó un maremoto categoría 4: el ministro Daniel Delgado Diamante en un hecho de sangre ocurrido hace 38 años, tarea que corresponderá investigar a los tribunales de justicia.
Distraídos con la farándula, asesinatos, asaltos, esculturas desaparecidas y chismes políticos intrascendentes, aparecen noticias que no despiertan reacciones; se leen a la ligera sin parar mientes en su significado; apenas si nos rozan la piel. Como éstas, de fechas recientes: 40 niños buscan sustento en vertedero en David, Chiriquí; los servicios de hemodiálisis en grave crisis por falta de personal e infraestructura; se autoriza compra directa de helicóptero por 7.5 millones de dólares; la autopista Panamá–Colón costará 164.2 millones más (leyó bien, 164.2); la Fundación Amigos de Niños con Leucemia y Cáncer tuvo que sacar plata de su chanchito para iluminar adecuadamente el Parque Omar, donde se realizará la carrera de 24 horas, “Relevo por la vida” para recaudar fondos (de 507 luces, 296 averiadas en revisión de julio pasado y ¡Qué viva el Carnaval 2009!); el informe Pobreza y desigualdad en Panamá de marzo 2006, Contraloría General de la República, mostraba que el 98.4% de la población en las comarcas indígenas es pobre (mayor que en 2005); el Tercer informe Nacional de Desarrollo Humano (PNUD) indica que Panamá tiene todos los recursos para ser un país de primer mundo, pero lo impide la ineficacia de las instituciones, la escasa participación ciudadana y los desacuerdos sobre cómo realizar cambios necesarios. Ninguna de estas noticias es trivial; sin escarbar mucho encontrará corrupción, indiferencia, negligencia. Y todas son muestras de incompetencia administrativa y ausencia de autoridad para corregir los males. Ni hablar de la criminalidad.
No obstante, en gasto publicitario es admirable la eficiencia: 43.8 millones en dos años. La Presidencia, 1.5 millón en 2007, 4.6 millones en 2008. La Asamblea Nacional, monumento a la vagancia, la politiquería y el nepotismo, también hizo lo suyo. Dice Erich Rodríguez, de la Secretaría de Comunicación del Estado, que la publicidad es necesaria “para comunicar lo que hace el Gobierno y que no hay de por medio motivos políticos”.
Es magnífico que el Gobierno entregue títulos de propiedad por todo el país; o que discursee y hable de lo bueno que hace; o que cacaree que el informe de la Cepal certifica la disminución de los índices de pobreza y pobreza extrema. Claro que el Gobierno tiene porotos a su favor. Pero, ¿qué les hace pensar que necesitamos oír tanto anuncio soso y cansón; o ver cartelones por todas partes, como si fueran confeti?
Habría que decirles a los jefes del vocero que ese dinero tendría mejor uso en nuevas salas de hemodiálisis; o en iluminar bien el Parque Omar para que el dinero que se necesita para los niños de Fanlyc no se gaste en bombillos; o para aliviar la desnutrición en las comarcas indígenas. A nosotros, los ciudadanos comunes, nos corresponde decirle al Gobierno lo que no ha hecho, y lo que hace mal. ¿No fue lo que dijo Omar Torrijos?
La autora es comunicadora social
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