PERFIL DE COMPETENCIAS.
Se busca vicepresidente
Alfredo A. Arango Restrepo
opinion@prensa.com
Mucho se habla del perfil que debería tener el escogido para ser el segundo a bordo en las duplas presidenciales. Francamente, la solución a esa ecuación solo la tienen los candidatos a la Presidencia y el anuncio de la designación de los vicepresidentes pondrá fin a uno de los secretos que peor se guarda en la tradición política criolla y que el pueblo espera con ansia, porque según andan las encuestas, la figura del segundo al mando seguramente jugará un papel decisivo en los aparentes empates.
Como panameño, y preocupado por el devenir de nuestra patria, siento consternación si lo que se publica en los medios es cierto sobre los atributos para ese cargo del vicepresidente “ideal”: que sean yernos, que suden dinero y que muestren lozanía. También, se dice que deben venir del pueblo, o la antípoda al candidato presidencial, así las cosas solo espero que si el primero es honesto, el segundo no deba ser lo opuesto de esa cualidad insustituible para acceder a ambos cargos.
El perfil verdadero debe estar basado en lo que espera el candidato a la Presidencia de su compañero o compañera de nómina, de su aceptación dentro del país, pero sobre todo, de su competencia para complementar, subsanar o apoyar, las debilidades del principal.
Si lo que se está buscando es una llanta de repuesto, entonces este escrito sirve simplemente como adorno en este periódico. Esa decisión debe estar influenciada por razones de peso (no pesos o cuaras) para ejercer la función de vicepresidente; es decir, este puesto será importante si el presidente desea que lo sea.
El escenario mundial de los mercados financieros, está pidiendo a gritos, que el que se monte en esa silla pueda cabalgar el país con los vaivenes de las bolsas de valores, amenazas de quiebra, pánico de la economía y sabias decisiones de dónde, cómo y cuándo realizar, o no, inversiones del Tesoro Nacional.
Por eso, me atrevo a sugerir lo que los panameños deseamos del vicepresidente. El vice, no por ser el segundón del binomio es alguien que va a ser el segundón en el Gobierno. Sobre el poder del vicepresidente, estimo que depende del espacio que le dé el gobernante. Por ejemplo, puede ser el que lidere las relaciones del Gobierno con la Asamblea Nacional y, por esto, debe tener una capacidad demostrada de diálogo. O quizás, coordinar la ejecución de los programas del gabinete, por lo que necesita ser un hombre de comprobado éxito en su trayectoria de planificación, organización y ejecución de prioridades.
El vicepresidente que requiere Panamá, debe poseer una sólida formación democrática y profesional en algunos campos como finanzas, seguridad, leyes, economía, salud y, sobre todo, la capacidad de administrar conflictos y buscar soluciones.
Otra característica vital es una relación fluida entre el presidente y su vice, que exista sinceridad entre ambos y confianza, con coraje para que el segundo discrepe con el primero en algunos temas, manteniendo por supuesto el respeto a la dignidad de ambos cargos.
Mucho daño le han hecho al país, en varios gobiernos, los “yes man”, que rodean a los mandatarios, evitando que tomen decisiones razonables, porque en esas alturas, el poder obnubila. No obstante, para que no quede duda, el presidente es el líder de la nación y el vicepresidente, el principal responsable de apuntalar ese liderazgo para la buena administración del Gobierno.
La fe que el presidente tenga en el vicepresidente será el primer ingrediente del éxito de esa dupla, y la fuerza de esa pareja, será la confianza mutua por naturaleza. Además, no existe un signo más patente de debilidad que el desconfiar instintivamente de todo y de todos.
El buen candidato o candidata, estoy convencido, presentará mejor su mensaje si lleva envuelto una filosofía que enseñe a base de ejemplos. Su decisión sobre el compañero o compañera de nómina enviará a la ciudadanía ese primer buen ejemplo o, por lo contrario, pervertirá las conclusiones que se sacarán de ese primer nombramiento.
No prever estas consecuencias significará una cualidad incesantemente inmadura para asumir la responsabilidad de la Presidencia de la República. Resalto, con precisión, que la historia, biografía o epitafio del responsable de esa decisión se empezará a escribir simultáneamente al conocerse la decisión. Por ello, la importancia de saber escoger.
Finalizo diciendo que de todas las cualidades que un buen político debe poseer para convertirse en estadista, en mi opinión, la más eminente es la sabiduría y la más útil la prudencia.
Candidatos, el verdadero valor en esa decisión trascendental para ustedes y nuestro país será la visión que dé norte a esa búsqueda del hombre o mujer, como su segundo en la Presidencia; recayendo la responsabilidad en alguien que pueda ayudarlos a enfrentar con habilidad, conocimiento y sin miedo los retos de la globalización y los abismos en el mundo financiero internacional, acabando con la pobreza, combatiendo la destrucción del ambiente, promoviendo la educación, con un sentido de justicia y solidaridad para con los más humildes, no con el ánimo de lucrar.
El autor es escritor y director de la Escuela de Psicología de la Universidad de Panamá
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