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Panamá, sábado 25 de octubre de 2008
 

LECCIONES.

El capitalismo y sus crisis

Antolino Herrera Castillo
opinion@prensa.com

Según trasciende en los diversos medios de comunicación, la otrora segura, potente y desafiante economía de Estados Unidos está hoy en serios problemas, con la caída de su sistema financiero y síntomas de una recesión que ha empezado a afectar al resto de las economías del mundo.

Los analistas y entendidos explican que la persistencia de la crisis es uno de los enemigos a batir. Ahora se suma la disminución de la confianza de los consumidores e inversores en el sistema financiero.

En la economía financiera se enseña que el principal activo que tienen los bancos y otros intermediarios es la confianza en el sistema y en las instituciones que lo regentan. Esta confianza está quebrantada, y en otros casos, perdida. Los mismos candidatos a la presidencia de este país consideran, como causa y efecto del problema, la avaricia de los que viven la actividad bursátil en Wall Street.

Críticos de la economía del norte advirtieron del colapso que se avecinaba. Así lo hizo David Wilkerson, en su libro El Llamado Final: al borde del colapso financiero. Leyendo sus páginas, vemos que se relata con detalles lo que ha estado ocurriendo en Estados Unidos. Este libro fue escrito en 1998, 10 años antes de la crisis.

¿Superará el capitalismo esta crisis? Y de hacerlo ¿quedarán claras muchas sugerencias y lecciones para este país y el resto del mundo? En nuestra economía global es de esperar que en el resto del mundo repercuta esta crisis.

Hoy ya vemos efectos en la banca de Alemania, Francia, Islandia, Inglaterra y el resto de los países de Europa. También en Japón y otros países de Asia. Las bolsas de valores en México, Argentina, Brasil y Chile, también sufren los rigores del problema.

Las remesas al exterior (dinero que envían los latinos residentes en Estados Unidos a sus familias), experimentan disminuciones. Ya hay efectos en las exportaciones y en el turismo y puede afectarse, también, el crédito bancario. Al final de una cadena de acontecimientos, la economía se contrae, disminuye el producto interno bruto, aumenta el desempleo, disminuyen las ganancias de las empresas, por ello, el Estado recauda menos en impuestos, tasas y otros ingresos. En Panamá, por ejemplo, puede disminuir la cantidad de buques que transiten por el Canal.

La parte positiva de todo esto, es que la humanidad ha vivido otras crisis similares. Al estudiar los diferentes sistemas económicos que hemos ensayado en las diferentes épocas: la comunidad primitiva, el esclavismo, el feudalismo, el capitalismo, el socialismo y el cooperativismo, vemos que cada vez que uno de estos sistemas sucumbió, dio paso a un mejor sistema.

Es la misma sociedad, quien a través del tiempo y quemando etapas, destruye o reemplaza los sistemas, cuando éstos no responden a las exigencias y prerrogativas que esta misma sociedad exige. De ahí, que si el capitalismo cae, daría paso a algo mejor. Los sistemas económicos no son eternos. Basta analizar los fenómenos históricos en las diferentes épocas, como es este caso.

En el caso de Panamá, durante la crisis que vivimos –desde junio de 1987 hasta la invasión de Estados Unidos en diciembre de 1989–, el país ensayó toda suerte de recursos y estrategias para mantener la economía a flote. Participaron los empresarios y la ciudadanía, en general, realizando los ajustes que requería el momento. En esa fecha las pequeñas empresas y economías marginales absorbieron gran parte de la crisis. También el sistema cooperativo hizo sustanciales aportes al país en los aspectos financiero y socioeconómico.

Si observamos las estadísticas de Panamá, vemos que el año pasado crecimos al 11.5%; el crecimiento más alto experimentado por país alguno, en estos tiempos. Muchas personas, sobre todo jóvenes, ingresaron al mercado laboral, por ende, disminuyó el desempleo. ¡Esto es todo un éxito! Se señala a las finanzas del Estado. A las variables macroeconómicas se les atribuye suma estabilidad, aunque la deuda pública por persona es alta.

Ahora, frente al complejo panorama económico que se avecina, es necesario que hagamos docencia entre la población; es decir, educar en materia económica; fomentar los huertos escolares, las granjas rurales, las cooperativas agrícolas, de mercadeo, de consumo o de otro tipo, porque son instrumentos que bien llevados pueden servir para paliar los desequilibrios, inequidades y otras debilidades del sistema capitalista. La educación tiene mucho que aportar.

En otro orden, entiendo que las crisis son llamados de atención, sobre lo que estamos haciendo y de la forma de hacerlo. De lo que suceda en el país norteño y otras economías foráneas, somos espectadores por ahora. Solamente rogamos que no seamos víctimas de la locura, avaricia y desacierto de otros. Con las plagas internas, epidemias, y otras debilidades y flaquezas que experimentamos los panameños, es más que suficiente.

El autor es economista y docente


© 2008. Corporación La Prensa. Derechos reservados.
 
 
 
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