La ley de la Caja de Seguro Social fue reformada en 2005, pues diversos estudios indicaban que tenía escasos años de vida si pronto no recibía una transfusión de dinero fresco. Fue un proceso traumático, pero se logró y aún está en proceso de recibir mayor cantidad de fondos, no solo de nuevos cotizantes, sino porque las cuotas seguirán subiendo como resultado de la nueva legislación.
Y, aunque ya no oímos que la institución va a colapsar, las quejas siguen siendo las mismas de siempre: programas deficitarios, falta de medicinas, mala atención no solo médica, sino de la administración; hacinamiento.
Peor aún, hasta negligente ha sido, tal como lo prueba la muerte de más de 100 personas envenenadas por medicamentos de su hechura. En otras palabras, el dinero no es ahora el problema, es un asunto de sentido común. Y como van las cosas, es probable que el sistema corra nuevamente peligro porque su administración es un total y absoluto desastre. Es ahí, por donde se tiene que empezar. |