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Panamá, viernes 24 de octubre de 2008
 

TIEMPO DE RECTIFICAR.

Legado del presidente Torrijos: fractura de la sociedad

I. Roberto Eisenmann, Jr.
opinion@prensa.com

El joven presidente Martín Torrijos creó un nuevo optimismo que le produjo un mandato claro de la sociedad. Sería una “Patria Nueva” para todos los panameños. Las promesas más pegadas eran “Cero Corrupción”, y “Seguridad”. Tenía todas con él: una votación mucho mayor que el 30% de la base tradicional de su partido –lo cual indicaba una importante cuota electoral propia–, una Asamblea bajo su control, un equipo de gobierno que incluía experiencia y además caras frescas independientes, y una sociedad remotivada y optimista.

Aprovecha su “luna de miel” y con la vital ayuda de la sociedad civil logra tres asuntos fundamentales. La necesaria reforma de la Seguridad Social: aun cuando para este logro se equivocó, lo reconoció y dio marcha atrás, se puso en manos de la sociedad y logró el objetivo (y en vez de perder cara al aceptar su equivocación, este gesto lo engrandeció). El “sí” del referéndum para la expansión del Canal: en esto iba por mal camino, las encuestas marcaron hacia abajo, pero reaccionó a tiempo convocando al consenso nacional exigido por la sociedad, y con la ayuda vital de grupos no gubernamentales también logró el vital éxito. La tercera fue la reforma tributaria: dolorosa, pero en mi opinión necesaria; ésta le produjo la necesaria holgura fiscal para poder ejecutar programas de su gobierno.

Luego del primer año y medio de gobierno le cayó encima una piñata llamada turismo residencial que no fue producido por acciones de su gobierno sino por un fenómeno internacional de baby boomers con dinero que, repentinamente, descubrieron a Panamá, y esto fue más por acciones de empresarios privados que por cualquier otra cosa. Sin embargo, lo cierto es que se produce un boom económico con la ventaja de que no solo desarrolla la ciudad sino muchas áreas del interior. Aun cuando este fue un golpe de pura suerte benefició, como es natural, al gobierno del joven Presidente.

Acercándose al ocaso de su período presidencial comienzan los reclamos por las promesas incumplidas y en ese ambiente el Presidente, usualmente prudente a pesar de su edad, toma ahora unas decisiones radicales que fracturan a la sociedad.

“Cero Corrupción” quedó en eslogan. No hay un solo corrupto de leva en la cárcel, a pesar de que existen incluso casos de confesiones públicas. Se revelan actuaciones indebidas incluso del propio Presidente a quien no le dio vergüenza cobrar a un gobierno extranjero 25 mil dólares mensuales sin trabajar, y lo continuó haciendo aun después de convertirse en Presidente electo. Es un secreto a voces que hay varios “agentes de negocios” del gobierno por cuyo tamiz comisionista pasan los grandes negocios con el Estado… a la peor usanza tradicional… y finalmente, el máximo símbolo de la corrupción: la desaparición de obras de arte del Estado panameño, primero enviadas ¡a un depósito! y luego desaparecidas … con la llave en manos de oficinas presidenciales. O sea, que aquella expectativa de un Presidente distinto con su eslogan de campaña “Patria Nueva” ha resultado –en palabras del panameño de a pie– “la misma vaina, pero peor”.

Como si fuera poco, en la peor tradición política el Presidente, en un acto irresponsable, ha multiplicado geométricamente –en un año político– los gastos, empleos y endeudamiento del gobierno, dándole la espalda a todas las políticas públicas de responsabilidad fiscal; incluso, es aún mayor la irresponsabilidad cuando en las últimas semanas se rompe “la piñata” en el momento justo en que el planeta entero enfrenta una crisis financiera de gigantescas proporciones... y a pesar de esta realidad presenta un Presupuesto que parece hecho en Disneyworld.

Pero sin lugar a dudas lo más trágico, desilusionante y triste es haber revelado su agenda secreta y maligna de romper un consenso nacional en el que todos los panameños –por Constitución– nos declaramos país desmilitarizado y neutral. El Presidente rompe este consenso que nos unió como un solo pueblo, en que los políticos dejaron de ser enemigos para convertirse en adversarios de un sistema consensuado, para fracturar a la sociedad con decretos –aprobados en la obscuridad del salón de Gabinete– que producen un gran salto hacia un pasado militarista trágico y, aún peor, ahora se revela que al autor de los proyectos, y ministro de Gobierno y Justicia, se le acusa de –y él lo acepta– haber matado a un subalterno.

¿Será este el legado que quiere dejar Martín Torrijos? Desilusionar, resultando “la misma vaina pero peor” y aún más, para el final de su Presidencia fracturar la sociedad inevitablemente produciendo facciones enemigas luchando por sistemas enemigos: uno, gorilero y autocrático; y otro, democrático y libre… o ¿será posible rectificar los errores cometidos retirando los cinco decretos de remilitarización y destituyendo de su puesto al autor de dichos proyectos, por las graves acusaciones que pesan sobre él?

De no rectificar, ese será el legado lastimoso que dejará ... y para los que amamos la libertad, … “¡de vuelta a la lucha!”.

El autor es presidente de la Fundación para el Desarrollo de la Libertad Ciudadana


© 2008. Corporación La Prensa. Derechos reservados.
 
 
 
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