TRANSFORMACIONES POLÍTICAS.
Capitalismo con rostro humano
Sergio Muñoz Bata
Sin siquiera parpadear, este fin de semana John McCain volvió a desbocarse en su afán por asustar a los votantes estadounidenses y acusó a Barack Obama de querer implantar el socialismo en Estados Unidos.
Sin entrar aquí en una discusión sobre las virtudes o los vicios de los distintos tipos de socialismo que existen en el mundo, lo evidente es que con su acusación, McCain quiere engañar a los votantes pintando como catastrófico el posible triunfo de su contrincante.
Lo interesante, sin embargo, es que en el lenguaje que utiliza hay una admisión tácita de que, si como vaticinan las encuestas, Obama gana la presidencia de forma abrumadora, y el Partido Demócrata aumenta su mayoría en la Cámara de Representantes y en el Senado, el país habrá superado finalmente la llamada Era de Reagan. Es decir, el sistema político estadounidense que mantuvo a la derecha en el poder por casi tres décadas y que le permitió dictar los términos del discurso político nacional sin confrontación efectiva ni cuestionamiento profundo, habrá terminado.
Para entender la trascendencia del cambio histórico que representaría el triunfo de Obama es imprescindible enmarcarlo en su contexto histórico y relacionarlo con las dos grandes transformaciones políticas que el país experimentó en el siglo XX.
La era de Roosevelt
La época que va de la Gran Depresión en los años de 1930 hasta fines de la década de 1970, se distingue por el fortalecimiento del papel rector del Estado en la economía. Su paladín es Franklin Delano Roosevelt, un aristócrata defensor de la economía de libre mercado que crea el New Deal y saca al país del quebranto financiero; combate el desempleo con programas masivos de obras públicas; crea el Estado de bienestar; establece el sistema de jubilación financiado con los aportes de trabajadores, patronos y Estado e instaura el salario mínimo con carácter obligatorio.
La supremacía del modelo implantado por Roosevelt se sostiene, sin mayores alteraciones, hasta que Ronald Reagan gana la presidencia en 1980.
La era de Reagan
Reagan parte del supuesto que “el gobierno no es la solución sino el problema” y emprende una cruzada para eliminar la regulación del sector privado. Recorta los impuestos y reduce los programas sociales que a su entender estimulaban a la gente a vivir del dinero de las ayudas del Estado sin trabajar. Su “Revolución Conservadora” hace más ricos a los ricos pero acentúa las desigualdades sociales, dejando fuera del avance económico a las clases menos pudientes. Durante su administración la deuda pública alcanza su récord histórico.
La era de Obama
Para el siglo XXI, si se cumplen las predicciones de las encuestas, la era de Obama cambiaría el paradigma político actual.
Para lograr sus metas, se ha planteado investigar la forma cómo operan las industrias que ofrecen sus servicios al público, como por ejemplo las de telecomunicaciones, financiamiento, biotecnología y farmacéuticas, con el fin de reforzar los controles existentes o reimplantar las regulaciones eliminadas por gobiernos complacientes.
Del extenso programa de reformas y cambios que propone me limito a exponer como muestra, las ideas principales de su política en el campo del cuidado de la salud. Obama piensa que todos los estadounidenses tienen derecho a recibir atención médica a un costo razonable. Para lograrlo, será necesario negociar con los grandes negocios para que ofrezcan seguro médico a sus empleados. Y para quienes no tienen trabajos con seguro médico, el Estado proveerá subsidios para atender a los más pobres y ofrecerá cobertura obligatoria gratuita para todos los niños.
¿Socialismo? Yo no lo veo así. Lo que Obama propone es una nueva forma de capitalismo con rostro humano que parte del respeto a los valores universales, plantea un reforzamiento adecuado del papel del Gobierno Federal como defensor del bien público y establece como propósito crear mayores oportunidades para quienes no las han tenido nunca.
El autor es miembro del consejo editorial de ‘Los Ángeles Times’
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