VOTO INDEPENDIENTE.
El tesoro de los partidos políticos
César García
opinion@prensa.com
En el escenario político panameño de las últimas dos décadas, es decir, en nuestra “comedia democrática”, han pasado cuatro actos; el primero fue llamado democracia, el segundo Torogracia, el tercero Yeyagracia, el cuarto Chiquigracia, y sus personajes, nacidos de la trágica comedia, establishment de la política criolla o partidocracia, nos han paseado en el tiempo con destino hacia la ruta de lo conocido; el que no lo vivió (dictadura e invasión), pida que se lo cuenten, para que comprenda porqué les pido que cambien su conducta política.
Es justo reconocer nuestra complicidad con los gobiernos de las últimas décadas, porque por voluntad propia elegimos a los líderes de los partidos políticos en el acto del derecho al sufragio, sin embargo, para justificar nuestra conducta decimos que el sistema no parece darnos más alternativa que las que nos han impuesto, entonces, hagamos valer nuestro derecho y otra será la historia.
El fundamento de la teoría metafísica de la ética de la corriente kantiana expresa, con grandeza y simplicidad, su explicación de lo que deber ser el proceder genuino de la conducta humana: “Actúa de forma que la máxima de tu conducta pueda ser siempre un principio de ley natural y universal”.
En esta etapa del quinto acto, verás a los huaqueros de la política dirigir frases y postulados cariñosos de profunda solidaridad con los desposeídos, se disfrazarán de independientes, totalmente identificados con el bienestar común, bailarán desde el punto hasta el reguetón, con o sin son, y harán promesas, promesas y promesas. Si los personajes de este acto no cambian el libreto, podríamos estar llegando al nudo de nuestra comedia democrática.
No olvides que, los independientes somos jurídicamente vilipendiados por la autoridad electoral, además, extremadamente codiciados por los partidos políticos que se desviven por el control del Gobierno. Los partidos políticos constituidos no pueden, por sí solos, ganar una contienda electoral, todos vendrán en busca del tesoro de los independientes. No en vano aprendieron aritmética y saben que, con nuestros votos, pueden ganar las elecciones y recuperar toda inversión o gastos de sus campañas, quizás con alguna ganancia.
En el período de elecciones de 2009, el subsidio del Estado estará en el orden de los 34 millones de dólares, es decir, por disposición de la ley electoral, los panameños, de los impuestos que pagamos tenemos que financiar a los huaqueros de la política, todo lo que invierten en sus conquistas por el control del Estado; esto es lo que deberíamos llamar, “Reconocimiento y mérito al huaquerismo político”, y no digan que en Panamá “No pasa nada”.
Es un hecho comprobado que, el sistema político encuadrado en el Código Electoral le confiere a los partido políticos organizados el privilegio de gobernar con absoluta exclusividad y, por consecuencia, establece un ordenamiento siniestro sin medida ni consideraciones que hacen prevalecer una élite de seudo líderes gobernando en contubernio con los grupos de poder; contribuyentes benévolos de sus campañas.
Es importante resaltar que los miembros de los partidos políticos, en su mayoría, votan por sus candidatos, sean malos o menos malos que los otros candidatos; peor aún, los independientes lo hacemos creyendo en las propuestas de los líderes de estos partidos.
En una simple operación matemática nos damos cuenta que, ninguno de los partidos organizados individualmente ni ninguna de las alianzas supera a la población de votantes independientes, además, para ejercer presión electoral contra los otros partidos políticos, cada uno de ellos tiene necesariamente que hacer alianzas; estas por sus condiciones y acuerdos, distribuyen el poder del Estado o las instituciones, implementando el clientelismo, nepotismo y amiguismo para favorecer a sus miembros y mantener cierta fuerza política.
Este mecanismo de gobernabilidad no permite que el Gobierno funcione enmarcado dentro de una filosofía de Estado, con planes de estrategia común o plan integral de políticas de Estado a largo plazo y para el beneficio de la nación.
Según las cifras del padrón electoral, hay ocho partidos políticos registrados con un total de afiliados de un millón 321 mil 404 (de ese total, hay 166 mil 406 inscritos en Vanguardia Moral y CD que son votantes independientes) y un total de independientes de 841 mil 973, es decir, que de la población total de votantes, los independientes representamos el 46%, sin contar el número de personas que se han inscrito temporalmente en el resto de los partidos que, según comentarios de los representantes de las encuestadoras alcanzan hasta un 16% del total de los inscritos en partidos políticos.
En resumen, la población de votantes independientes es del orden del 62% y no tenemos derecho a elegir un independiente al cargo de presidente o vicepresidente de la República. ¿ Es que somos la nueva generación de eunucos?
En lo personal, me asombra que no hayamos tomado la decisión de abrir el camino que impulse la participación de pleno derecho de un independiente en la política panameña. Hasta ahora, nos hemos conformado con servir a los intereses de los partidos políticos, que han gobernado al margen de los verdaderos intereses del país.
A nuestro juicio, es impostergable la marcha que nos conduzca en la búsqueda de un mejor futuro, y esto se logrará por la vía del compromiso, disciplina, sacrificio y entendimiento, es preciso, el cambio hacia una estructura política, económica y social que se fundamente en los principios de sensibilidad social, interés colectivo por el bien común y con una visión de Estado progresista.
¿Hacia dónde vamos? En el año 2014, ¿Estarán los “miligracia” esperando su turno en contubernio con los políticos ricos demagogos?, y nosotros los independientes ¿qué estamos esperando?
El autor es financista
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