DE PARTIDOS Y ALIANZAS.
¿Luz al final …?
1107085Marco Julio de Obaldía
opinion@prensa.com
Como dijo César al cruzar el Rubicón: “La suerte está echada”. Tanto “la tendencia” como “el frente empresarial”, han respaldado irrestrictamente a su aguerrida candidata y apoyan el retorno de los milicos. Como consecuencia, es cuestión de tiempo para que tengamos un nuevo general, quien recibirá a su par cuando llegue del norte.
La aparentemente extraña simbiosis entre tendencia y frente no ha de sorprendernos, ya que el frente estuvo muy cómodo con los milicos, incluso después de la decapitación del Dr. Spadafora; en cuanto a la tendencia, la actitud inclaudicable hasta el final de su candidata y la de los heroicos batalloneros, habla por todos. El frente se declaró civilista cuando cerraron los bancos, el Gobierno pagaba en bonos y el Sr. Maisto, de la embajada norteamericana, hizo saber que todo era cuestión de tiempo. Pasada esta breve metamorfosis, volvieron al redil cuando Pérez Balladares concedió las privatizaciones, aprobadas a tambor batiente por una dócil Asamblea electrizada por el autorizado verbo de la hoy candidata.
Lo que quizás ha pasado inadvertido para las mentes disciplinadas y calculadoras del frente, es que sus esposas e hijas, que también vistieron de blanco y fueron objeto de la saña de “esos hombres”, fueron civilistas por convicción. La mujer, condicionada a través de milenios para defender su honor y el de sus críos, discretamente quizás, se desviará un tanto de la ruta arbitrariamente trazada por padres o maridos y, para ella, la urna será su confesionario.
La oposición tiene un enemigo formidable, casi mitológico, de modo que quizás, como en tales relatos, existe un caballo de Troya que, con estratagemas, procura impedir su unión.
Estimo que el presidente Endara, a quien mucho debemos y quien habría sido un gran magistrado de la Corte Suprema, debería respaldar al candidato del que fuera su partido el que, a su vez, debería recibirlo con el desprendimiento y honores que se merece.
Respecto a la posible unión Varela–Martinelli, creo percibir una tenue, muy tenue luz al final del túnel, dado que el Sr. Martinelli mantiene que no se unirá a “partidos tradicionales”.
No alcanzo a captar el alcance de su argumento, dado que creo que no hay en Panamá tal tradicionalismo. Todos los partidos fueron segados de raíz en 1968; algunos volvieron cuando el primer tirano –forzado por quienes lo crearon– lo permitió, pero, dentro de los estrechos parámetros de su constitución. Era una charada y todos lo sabían.
En los albores de la República hubo, en la Gran Colombia, dos partidos tradicionales, de ellos, el Conservador dejó de concurrir a las urnas y el Liberal (que hoy lo respalda) se dividió en múltiples vertientes. A final de la década de 1930 e inicios de la de 1940, ideas decantadas de la guerra civil española y Segunda Guerra Mundial, arribaron a nuestras playas y surgió el Partido Nacional Revolucionario, jefaturado por el Dr. Arnulfo Arias. Desconozco si para el Sr. Martinelli, este es un partido tradicional, de ser así, discrepo, pues comparo las dos últimas administraciones arnulfistas y encuentro muy pocos puntos de concordancia entre ellas.
Al PRD, podría llamársele tradicional a pesar de sus múltiples facetas, pero a mi juicio no es un partido sino una corporación o un consorcio, original en nuestro medio, pero que, con variantes, ha sido utilizado por diferentes potencias al menos desde el siglo XIX. ¿A qué atribuye usted que al país lo estén subastando internacionalmente y que entre los subastadores, devastadores, promotores haya altísimos funcionarios? Y ¿cómo explica las meteóricas y misteriosamente amasadas fortunas?
El PRD aglutina personas inteligentes y con su aporte, ha avanzado un paso al sistema que utilizaban los imperios, ya que, en lugar de sostener tiranos, hace elecciones, pero sujetas a un sistema que garantiza que, con el “voto en plancha”, el partido mayoritario obtendrá tanto el poder Ejecutivo como el Legislativo. ¿Para qué, entonces, volver a los impredecibles milicos?
Si los candidatos no se unen, ambos pierden y pierde el país, incluso la esperanza.
Opino que no deben creer tanto en las encuestas; si hay alguna forma de fasearlas, el PRD la conoce.
No bastaría con unir las dos cabezas, ya que aunque triunfen, quizás no podrían derogar la ley militar como ha sido prometido, si no cuentan con la Asamblea. Se impone, como requisito, acordar, nóminas únicas para todos, o la mayoría de los cargos de elección; mediten cuidadosamente acerca de las cualidades morales de los candidatos, pues necesitan el voto independiente que es más selectivo.
La labor es digna de titanes, pero creo que el sacrificio, estando en juego el futuro del país y su juventud, es menor que el que hicieron los liberales y conservadores, quienes, en 1903, tras una guerra fratricida y con la sangre aún fresca de hijos y hermanos, se unieron para crear la República. Ahora solamente digo ¡Ánimo!
P.D. He leído en La Prensa (16 de octubre) que en Malasia “nueve sultanes se suceden en el trono cada cinco años” y eso “sirve a los intereses de estabilidad del país”.
Quizás mi sugerencia (16 de junio) de que fueran juntos y cada uno gobierne durante 30 meses, no es tan descabelladamente absurda.
El autor es ingeniero y profesor jubilado
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