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Panamá, domingo 19 de octubre de 2008
 

POBREZA CULTURAL E INTELECTUAL.

El termómetro del subdesarrollo

Xavier Sáez–Llorens
xsaezll@cwpanama.net

Los medios de comunicación son fiel reflejo de la comunidad en que vivimos y constituyen el mejor termómetro para calibrar el grado de subdesarrollo de un país. Cuando escucho hablar de Panamá como inminente país de primer mundo, río para no llorar. Es tal la pobreza cultural e intelectual del periodismo criollo promedio –excepciones aparte, por supuesto–, que la brecha que nos separa de la civilización será difícil reducirla significativamente a mediano plazo. Violencia, pornografía, superstición, novelería y ramplonería es lo que satura la televisión y radio de nuestra hipócrita sociedad. Algunos de esos mismos cronistas que venden, cotidianamente, basura informativa son también los que despotrican contra la educación sexual de nuestra juventud. Y si su retrógrado mensaje encuentra la receptividad de diputados con similar o inferior coeficiente mental –Vladimir Herrera, como destacado representante–, la mesa del subdesarrollo está servida. A comer todos de su manjar.

En las últimas semanas han ocurrido notables acontecimientos noticiosos. La crisis financiera mundial, la caída de un neoliberalismo despiadado sin ninguna regulación estatal, el resurgimiento de tensiones entre Estados Unidos y Rusia, la escalada nuclear de Irán y Corea del Norte, los productos contaminados procedentes de China y el otorgamiento de los premios Nobel, son solo algunos ejemplos. Mientras eso ocurre, aquí solo se habla de Margarita Henríquez. Independientemente de la preciosa voz y dulzura de esta talentosa panameña nacida en el seno de una familia interiorana humilde y de la satisfacción que todos sentimos por el triunfo de un compatriota en certámenes foráneos, el desproporcionado despliegue periodístico fue una folclórica manifestación de un país que respira trivialidad y circo. Hubo quienes, incluso, hablaron de una guerra contra nuestros hermanos de Costa Rica. El capitalismo se vistió de nacionalismo. Pese a los exorbitantes costos actuales de la energía y de los artículos de primera necesidad, la prensa local promovió hipertrofiar las arcas de los felices comerciantes de la empresa promotora de Latin American Idol y de los negocios de telefonía celular. Resultaría irónico que después de ese manipulado despilfarro popular nos quejemos del precio del arroz y los granos.

Mientras cantantes y deportistas son celebridades y héroes, los jóvenes panameños que se queman las pestañas estudiando, investigando e innovando pasan desapercibidos, bajo un manto de ignorancia generalizada y mutismo informativo. Sin demeritar las necesarias y distintas habilidades humanas, tal parece que los músculos y las cuerdas vocales tienen mucha mayor preponderancia que las neuronas. Me pregunto, ¿alguien se enteró que el gobierno aprobó recientemente, a un costo de 5–6 millones de dólares, la introducción de la vacuna contra el cáncer uterino en el esquema nacional de inmunización? Similar a lo que ocurrió con la vacuna contra el rotavirus, principal causa de la diarrea aguda grave en niños pequeños, Panamá se convirtió en el primer país de toda América Latina en incorporar esta estrategia preventiva para beneficio de toda su población. La medida empezará a aplicarse, con periodicidad anual, a toda la cohorte de niñas de 10 años de edad. Nuestra nación tiene ahora uno de los mejores calendarios de vacunación de la región. Estos pioneros avances se deben a la voluntad política ministerial, a la sensibilidad del personal sanitario técnico, a la destreza de investigadores nacionales (la mayoría anónimos) que colaboraron en la aprobación de dichas vacunas por agencias reguladoras mundiales y a todos los panameños que participaron, voluntariamente, en estos valiosos y éticos ensayos científicos. Con la inclusión futura de la vacunación contra varicela, contra herpes zoster en población veterana y contra infecciones por neumococo, seremos la envidia internacional.

¿Alguien se enteró que hace dos semanas se desarrolló la premiación de la Olimpiada de Matemáticas para estudiantes de secundaria, acto escenificado en la Universidad de Panamá? Que se entregaron medallas de oro, plata y bronce a unos 80 adolescentes que representaban a colegios de todo el país. Que las palabras del medallista Fernando Varela fueron acicate para tener una educación que enseñe a analizar, inferir, discernir y cuestionar lo aprendido y que se imparta por igual sin distingos sociales de ninguna índole. Es evidente que hay numerosos alumnos con deseos de superarse, ajenos a huelgas y protestas violentas. Tristemente, ningún medio de comunicación se hizo presente en el evento. ¿Alguien organizó un apoteósico recibimiento al educando herrerano Antonio Chang por haber ganado medalla de plata en la XXIII Olimpiada Iberoamericana de Matemáticas, celebrada en Bahía, Brasil? ¿No debe él ser también un ídolo autóctono?

¿Alguien se enteró que, en los primeros días de octubre, se efectuó el XII Congreso Nacional de Ciencia y Tecnología en la Ciudad del Saber, organizado por la Asociación Panameña para el Avance de la Ciencia (Apanac)? Que se presentaron más de 150 trabajos de investigación en áreas temáticas como generación de biocombustibles, producción de alimentos, estudio de ecosistemas, diversidad genética, enfermedades crónicas y emergentes, peligro de los tesoros arqueológicos, etc. Que hubo simposios y mesas redondas de primera calidad técnica. Que, en esos mismos días, tuvo lugar la XI Feria del Ingenio Juvenil 2008, actividad que organizó la Secretaría Nacional de Ciencia, Tecnología e Innovación (Senacyt), en el Centro de Convenciones Atlapa. Que alumnos de las 100 escuelas participantes mostraron su ingenio a través de la explicación clara de sus proyectos científicos. ¿No es esto meritorio de elogio nacional?

Lo peor no es solo que seamos tercermundistas sino que lo exhibamos con orgullo y jolgorio. El conocimiento es lo único que nos puede liberar del subdesarrollo. La farándula es un opiáceo colectivo para desviar, transitoriamente, la atención de asuntos trascendentales. Curiosamente, mientras en pocas horas se gastaron cientos de miles de dólares para marcar el 43657, dos niños moribundos no han conseguido el dinero requerido para recibir un trasplante de hígado en el exterior. !Viva Margarita, co...!

El autor es médico
© 2008. Corporación La Prensa. Derechos reservados.
 
 
 
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