A la cabeza de las preocupaciones del panameño se encuentra el alto costo de la vida, y aunque el país vive un boom económico sin precedentes, esa bonanza no llega a todos los estratos, es más, amenaza con mantener en dos dígitos la temible inflación, encareciendo aún más los productos y servicios.
Para agravar el escenario, los arroceros han unido fuerzas para hacerse escuchar alegando que sufren los embates de una mala política agropecuaria en detrimento de la producción nacional. Mientras que en los campos la cosecha del grano amenaza con perderse por falta de flujo en la cadena de producción, nuestras autoridades dan toda suerte de excusas para distanciarse del problema.
No se trata de sobre proteger un sector, sino de tutelar y garantizar la viabilidad de la faena agrícola y, principalmente, la disponibilidad de un producto básico en la dieta del panameño. Pongámosle atención al tema antes de que –como siempre– la solución llegue cuando ha estallado la crisis. |