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Panamá, domingo 12 de octubre de 2008
 

SUCEDIÓ TAMBIÉN UN MES DE OCTUBRE. OTRO ANIVERSARIO MÁS.

Raíces
La marcha del hambre

Tal como ya se los dijimos en las “Raíces” del domingo pasado, este mes de octubre está preñado (o está lleno, si la anterior palabra, no les gustó o no les parece adecuada, que si lo es), de acontecimientos que bien vale recordar y como en la variedad está el placer hoy vamos a tratar de uno que aún cuando criticado por algunos, (cuando no) para otros, aún se recuerda por la originalidad del tipo de protesta y por los resultados que para una buena mayoría de los obreros panameños, para entonces si que más que olvidados, lograron alcanzar. Y es que además en mi calidad de médico, director del Hospital Amador Guerrero, les brindé a la organización y participantes de aquella protesta toda la ayuda necesaria para que en caso de accidentes, deshidratación, cansancio o cualesquiera otra situación la pudieran vencer.
Eso nos valió críticas de algunos ciudadanos que nunca faltan, pero sentimos que cumplimos con un deber, ya que un número plural de seres humanos exponían sus vidas y aquello se tenía que evitar. Además de que las razones para la protesta eran muy fáciles de defender. Y más aún, cuando ese gran presidente que fue Ernesto de la Guardia Jr. (y nunca hemos sido ni seremos políticos) cuando lo supo a pesar de lo que para él significaba todo aquello lo comprendió y lo aprobó. Una de las fotos muestra la salida de Colón de la manifestación, otra se tomó durante la caminata de 75 millas y muestra algunos de los manifestantes descansando, también se ve la marcha por las calles de esta capital y la invasión de la Asamblea Nacional. Todo también hace parte de nuestra pequeña, pero a la vez variada e interesante historia que hay que conocer o recordar, por eso y por lo que se consiguió con la marcha del hambre y la dignidad, hoy nos atrevemos a volverla a recordar.
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Fueron varias las razones para que el 4 de octubre de 1959 se originase en Colón una protesta obrera que no estuvimos totalmente de acuerdo cómo se desarrolló, si con sus objetivos iniciales y cómo se organizó.

Algunas compañías constructoras que se habían ganado contratos para efectuar diversos trabajos en la antigua Zona del Canal no le pagaban a los colonenses lo que era de justicia, por el contrario, traían los trabajadores de otras regiones del país y le reconocían más de lo que era lógica reconocerles. Pero existieron otras razones más para aprobar el movimiento.

Antes de resolverse a efectuar la protesta que más tarde cristalizó con éxito, las directivas del grupo de la organización que protestaba hablaron con el Presidente de la República y varios diputados para ver si era posible un acuerdo preliminar. Pero no se alcanzó unanimidad de criterios en la Asamblea Nacional.

Entonces, los trabajadores del área atlántica resolvieron unirse y efectuar una marcha a pie, desde la capital atlántica a la Asamblea Legislativa, reunida en esta capital.

Lo que se les quería aumentar de sus salarios no cubría los gastos más elementales y así no podían subsistir.

Los alquileres de las absurdamente pequeñas, por las destartaladas viviendas, también eran cobradas en forma injusta e ilegal.

Hasta el producto alcanzado por los campesinos también lo tenían que entregar sin recibir las ínfimas ganancias exigidas.

Fue entonces cuando los directivos de los trabajadores Andrés Galván y Eugenio Barrera nos pidieron ayuda para que en caso de accidentes o agotamiento por la marcha de 75 kilómetros que iban a efectuar hombres y mujeres a pleno sol entre Colón y Panamá, tuvieran agua, elementos de curación, oxígeno, ambulancia y personal que durante el trayecto lo vigilaran y los pudieran socorrer.

¿Quién se podía negar? Una ambulancia del Hospital Amador Guerrero, del cual éramos el director los acompañó. Y llegaron a la capital después de 15 horas de caminar, bajo un sol que así fuese el de las primeras horas, uno nunca trata de buscarlo y mucho menos caminando y cansado de coincidir con él.

Habían salido de Colón a las 7:30 de la noche del día anterior, domingo 15 de octubre.

Creemos que fue la primera ocasión en la que en esta República se hizo una manifestación así.

La Policía zoneíta trató de evitar que esas personas pasasen por allí, pero en vista de la gran cantidad de manifestantes y de su ordenado proceder, ni siquiera los vieron desfilar.

Por todo el camino los saludaban efusivamente y se les añadían más participantes. Una vez en la capital desfilaron por algunas de sus calles y se dirigieron a la sede de la Asamblea Nacional.

Allí el Presidente de esa corporación les dio la cortesía de la sala, pero la mayoría de los diputados se retiraron, lo que llenó de indignación a los manifestantes que lanzaron a algunos de ellos a las piletas que allí existían. Andrés Galván se declaró presidente de la Asamblea, Barrera, secretario y los manifestantes aprobaron imitar una sesión. Se quedaron varios días en la capital, durmiendo en los parques. Los diputados volvieron y aprobaron un pequeño aumento en los salarios, un futuro Código Agrario y vigilar (algo que no se cumplió) que no se aumentaran los precios de los alquileres, sobre todo de las clases más pobres.

El presidente Ernesto de la Guardia Jr., no desaprobó las medidas. Como de costumbre algunos comentaron que todo eso era comunismo, pero a pesar de que los jefes eran de ese partido ayudaron a una causa que esta hoy es difícil de olvidar.

Textos: Harry Castro Stanziola
Fotografías: Propiedad de Andrés Galván / Procesadas por Ricardo López Arias
Comentarios: vivir@prensa.com

© 2008. Corporación La Prensa. Derechos reservados.
 
 
 
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