La celebración del Día de la Raza debe servirnos para hacer un alto en el camino y reflexionar sobre uno de los males de la sociedad moderna: la discriminación racial.
Panamá es una nación cuya población está constituida por múltiples etnias. Históricamente, desde los tiempos de explotación de las minas de oro de California, hasta la reciente migración producto del boom inmobiliario panameño de nuestros días, el país ha recibido personas de los más lejanos confines del planeta, haciendo de Panamá un crisol de razas.
Por eso, es lamentable que todavía en el siglo XXI panameños o extranjeros sean víctimas de este tipo de discriminación. Ni siquiera el orgullo nacional Irving Saladino se salvó de ese flagelo.
Lo más lamentable es que el Gobierno Nacional sale a recriminar cuando se dan incidentes como este con simplistas discursos de rechazo, en lugar de promover una política eficiente para combatir este fenómeno social que afecta hasta los países más desarrollados del mundo. |