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Panamá, domingo 12 de octubre de 2008
 

VOCACIÓN.

Estadistas frente a simples políticos

Carlos A. Voloj Pereira
opinion@prensa.com

El estadista es un hombre o mujer versado en los negocios del Estado, así como también está versado en las aspiraciones, necesidades y realidades de sus compatriotas. Los estadistas suelen ser políticos hábiles, idealistas, que prefieren hacer patria más que hacer dinero y pasar a la historia como gobernantes excepcionales que supieron trabajar para hacer realidad las esperanzas y anhelos de los gobernados. El simple político difícilmente será estadista. Generalmente llegan a ser gobernantes mediocres que a duras penas logran completar su período, con más chifladas que aplausos.

El simple político promete concretar los sueños de los gobernados, el estadista los concreta. Los simples políticos o simples gobernantes abundan. La verdad es que no hay mucha diferencia entre ambos. La diferencia estriba en que el simple político ni siquiera gobierna y al otro se le termina su período sin haber cumplido lo prometido en campaña, sin darse cuenta de que ya no está en campaña. Ciertamente, es difícil ser estadista y aún más difícil si el frustrado (a) aspirante no tiene las cualidades innatas. Soy de la opinión de que se puede aprender a ser estadista, si el político estudia arduamente y se determina a ser disciplinado, a tener independencia política y a resistir las tentaciones de atracar al erario y los bienes del Estado. Cuando ese aspirante a estadista se rodea de y se deja asesorar por políticos mediocres, entonces la poca buena voluntad que tenga de gobernar correctamente por el pueblo, será aniquilada por la necesidad de gobernar por los asesores y políticos mediocres y para los compromisos que con ellos haya concertado.

A los estadistas no los compromete sino su deber para con su patria. Se abstienen de hacer alianzas políticas o de rodearse de hombres o mujeres de dudosa reputación. Al buen estadista le agrada pronunciar discursos con sus hechos y hablar menos. Para él, lo importante son los resultados positivos y la tranquilidad y felicidad de su pueblo. Un buen estadista evitará asociarse con hombres inescrupulosos y solapados, le repugnan estos simples políticos y los empresarios deshonestos que tanto daño le hacen a su gobierno y al país. Por eso, esos empresarios o líderes gremiales o sindicalistas los odian y se suelen confabular para conspirar en contra del estadista, obstaculizando su gestión de gobierno, tratando de hacerle todo el daño que les sea posible.

El estadista está al tanto de todas estas dificultades y las prevé, lamentándose de perder mucho tiempo luchando contra ellas. Al simple político, estas situaciones le satisfacen porque las toma como excusa para justificar su desgobierno, su ineptitud y deficiencia. Al estadista le hace falta todo el tiempo del mundo, por eso suelen ser reelegidos en sus mandatos (en los países donde la Constitución así lo permita). Los gobernantes que no pasan de ser simples políticos, solo pueden ser reelegidos con trampa. Identifiquemos a ese político estadista, a ese genuino político versado, conocedor de los menesteres de gobierno y los negocios públicos, convirtiéndose, por esto, en un excelente servidor del pueblo y votemos por él.

El autor es abogado y catedrático universitario
© 2008. Corporación La Prensa. Derechos reservados.
 
 
 
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