GOLPE DE ESTADO.
Lo nefasto del 11 de octubre
1101698Carlos Iván Zúñiga Guardia
opinion@prensa.com
Hoy se cumplen 40 años del golpe militar de 1968. Me imagino la proliferación de artículos comentando el suceso. Ese golpe tiene la particularidad de haber cercenado la institucionalidad democrática del país de modo tajante durante 21 años, porque al respecto lo que hubo de reemplazo fue un duro sistema totalitario.
Como las actuales generaciones desconocen por propia percepción las llamadas causas de la asonada militar, se ofrecen a cambio interesadas y falsas versiones.
La versión más esgrimida por los golpistas es que la corrupción del gobierno de Arnulfo Arias precipitó y justificó el alzamiento. Lamentablemente esta apreciación ha sido avalada por algunos civilistas y, naturalmente, los militares no la dejan de invocar.
En 11 días de gobierno es difícil la comisión de delitos realmente aceptables como propios para desmembrar el orden constitucional. Se acusó al presidente Arias de decidir despóticamente quiénes ocuparían algunas curules de diputados, despojando a sus legítimos titulares. Ese fue un abuso censurable, pero no justificaba un golpe de Estado y sobre todo si los afectados tenían recursos legales y políticos para impugnar la arbitrariedad palaciega. Además, no era ni es función de la Fuerza Pública destituir al Presidente de la República por las causas señaladas taxativamente en la Constitución.
Luego la invocación de aquel fraude contra algunos diputados electos u otros actos de corrupción no determinados constituyeron en su hora un pretexto, débil por cierto.
La verdad es otra. Antes de ascender al solio presidencial el Dr. Arnulfo Arias el 1 de octubre de 1968, ya los militares jóvenes habían acordado dar un golpe de Estado. Lo acordaron durante el gobierno de Marco Robles. Ese acuerdo se dio durante el proceso electoral de 1968. Los conspiradores se reunían, consultaban con conocidos empresarios y algunos consejos prudentes impidieron que antes y durante la audiencia seguida al presidente Robles se diera el golpe militar.
En esa etapa ya se vivían movimientos sediciosos que eran realmente amagos de golpe. Uno de ellos fue el cierre de la Asamblea Nacional por la Fuerza Pública a fines de marzo de 1968.
Mientras los oficiales jóvenes continuaban en sus afanes golpistas, el proceso electoral de 1968 culminó con el triunfo de Arnulfo Arias, a pesar de todas las irregularidades, abusos y presiones de la Fuerza Pública y del gobierno central que quería imponer la candidatura oficialista.
Al tomar posesión Arnulfo Arias del cargo de Presidente de la República, la Guardia Nacional juró lealtad al nuevo mandatario. Pero ya los militares jóvenes tenían su línea, la que dio su voz de mando cuando el nuevo presidente hizo cambios en la alta jefatura y dispuso traslados que afectaban a los alzados. Entonces el golpe se perfeccionó. Esos cambios fueron las causas que precipitaron el golpe ya planeado.
Luego ya todo es parte de la historia. Quienes tratan de justificar el golpe porque el Presidente dispuso del destino de varios diputados, después de ejecutado el golpe se dedicaron de inmediato a colocar a su antojo a los mandatarios civiles y a su antojo despedirlos. Se inició una etapa de corrupción sin precedentes, cuya culminación identificó al Estado panameño como un Estado dominado por el narcotráfico.
Repito, ya todo pertenece a la historia y ella en su escrutinio severo examinará todos los episodios que tanto dolor, luto y angustia causaron a nuestro pueblo.
No olvidar para que no vuelvan los desaparecidos, los asesinatos políticos, la conculcación de los derechos humanos, las torturas y todas las formas de degradación humana que tuvieron su escenario al país y de verdugos a las autoridades panameñas.
No olvidar para que la democracia se perfeccione y pueda todo habitante de este país vivir sin los temores que imperaron durante 21 años.
No olvidar todo lo nefasto del 11 de octubre.
Yo no quiero que mis descendientes vuelvan a vivir los días aciagos de la dictadura ni que los descendientes de los panameños sean víctimas de quienes entendían que la fuerza no es para defender las instituciones sino para destruirlas.
Y sobre todo no olvidar para que con la presión del recuerdo la impunidad dé fuerza a los jerarcas de la dictadura a intentar nuevos ensayos totalitarios.
Que este 11 de octubre congregue a los panameños en una formulación de votos por una auténtica democracia fundada en un exitoso estado de derecho.
El autor es abogado y fue Rector de la Universidad de Panamá
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