EL VALOR DEL CONOCIMIENTO.
Desmitificando el género
Ricardo Mejía Miller
opinion@prensa.com
Una frase célebre reza: “ser consciente de la propia ignorancia es un gran paso hacia el saber”... Estoy totalmente de acuerdo con ella. Y es que en mi camino por esta existencia, lleno de aciertos y desaciertos, de sabores y sinsabores, de avances y retrocesos en esa construcción de mi ser humano; hay algo que sí he aprendido: la única forma de crecer como persona y contribuir a la sociedad, es buscando la verdad en lo que me rodea, es aprender de los y las demás; y, sobre todo, respetar a las personas que han demostrado con sus acciones cómo el conocimiento se pone al servicio de quienes tienen menos oportunidades.
En mis años mozos me dediqué, a través de un proyecto internacional, a la protección de las especies marinas. Los largos meses en alta mar me daban la oportunidad de leer muchos temas, entre ellos, sobre la violencia intrafamiliar; de inmediato me apasionó el tema, sobre todo por experiencias personales vividas, y ello despertó mi ansias de mayor conocimiento. Surgieron preguntas: ¿por qué, a diferencia de otros tipos de violencia, las víctimas son principalmente mujeres, adolescentes, niñas y niños? ¿por qué los principales agresores son hombres? ¿por qué el mayor riesgo se da dentro del hogar y de personas íntimamente relacionadas con las víctimas? Surgió también una oportunidad de adquirir más conocimiento, de dejar de ser tan “ignorante” en el tema. Hice una maestría en género y desarrollo. Deshice mi ignorancia en un tema más en la vida. Aprendí la diferencia entre sexo y género, que aunque son conceptos relacionados no significan lo mismo.
Sexo se refiere a las diferencias biológicas entre los hombres y las mujeres; determinadas genéticamente y que son naturales. Por su parte, género se refiere al conjunto de características y atributos psicológicos, sociales y culturales que la sociedad asigna de forma diferenciada a las personas a partir del sexo con que se nace.
De allí surge el enfoque de género, el cual permite visibilizar como estas diferencias, socialmente construidas, afectan el accionar y desarrollo de las personas dentro de la sociedad a la cual pertenecen. Las relaciones de género, son aquellas que se dan entre hombres y mujeres y que dependen de la historia, la tradición, la cultura y del área geográfica donde se desarrollan.
Las familias, las comunidades y sus organizaciones, las escuelas, las organizaciones religiosas y cívicas, las instituciones (salud, educación, judicial–policial y otras) y los medios de comunicación, formadas por hombres y mujeres, son los sectores que construyen y transmiten la forma como se mantienen estas relaciones. Estas relaciones son dinámicas y cambian con el tiempo y en el espacio.
Más adelante, tuve la oportunidad de visualizar en la práctica lo teóricamente aprendido. Trabajando en un proyecto regional pude ver cómo se puede impulsar la equidad e igualdad social a través de este enfoque. Por ejemplo, en el tema de salud, al desglosar datos de desnutrición por sexo, en una comunidad, se evidenció que las niñas de menos de un año presentaban tasas más saltas de desnutrición que los niños; quizás porque las familias se preocupaban en atender mejor al varón por el futuro rol que de él se esperaba como proveedor.
En el tema de educación veíamos cómo algunos juegos considerados exclusivamente femeninos, como saltar soga, jugar jacks, desarrollaba las habilidades psicomotoras y contribuían a la concentración y el aprendizaje; lo cual a los varones se les estaba limitando. Desde esta perspectiva se pueden abordar y atender de forma más efectiva otros asuntos sociales, como el de las pandillas, conformadas en Panamá por hombres jóvenes. Son hombres, pues la socialización diferenciada considera que la violencia es una forma de legitimar poder y masculinidad.
O el hecho de que, por lo general, a las mujeres se les responsabiliza exclusivamente de la atención y cuidado de los niños, niñas, personas enfermas y adultas mayores, lo que representa, con los cambios sociales, una triple jornada para ellas que afecta su salud física y mental e impacta el sistema de salud nacional. El escritor polaco de origen judío, Stanislaw Jerzy Lec, dijo que “la ignorancia humana no permanece detrás de la ciencia, crece tan rápidamente como ésta”. Otro aspecto de la ignorancia es que “beneficia” a las personas autoritarias y egoístas que se mantienen encumbradas sobre la falta de conocimientos del pueblo. Agradezco a la vida el no haberme convertido en tal clase de persona.
El autor es biólogo especialista en género y desarrollo
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