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Panamá, jueves 9 de octubre de 2008
 

MÁS HORAS DE CLASES.

Bienvenida comunidad educativa

Elda Maúd De León
opinion@prensa.com

Felicitaciones al ministro de Educación por escuchar el viejo clamor de algunos educadores que denunciábamos la causa fundamental de la crisis en la educación: El tiempo diario tan irrisorio que los estudiantes permanecen en la escuela.

El Ministerio ha iniciado un plan piloto en 30 escuelas en que los niños asisten de 7:30 a.m. a 4:00 p. m., gracias a que muchos otros miembros de la sociedad panameña se sumaron y solicitaron la extensión del horario, a través de los medios, además de expertos de organismos internacionales, lo que ayudó a darnos credibilidad, por aquello de que nadie es profeta en su tierra.

En una democracia participativa, que es a la que aspiramos, las decisiones políticas no se toman unilateralmente en la cúspide de la administración gubernamental, sino que los dirigentes mantienen contacto directo y permanente con la población para percatarse de cuáles son las necesidades sentidas, los intereses y aspiraciones, los someten a análisis, les crean factibilidad y devuelven al pueblo proyectos que se correspondan con lo que necesitan.

Contentos leímos, en La Prensa, la semana pasada información sobre la primera evaluación hecha al proyecto proveniente de niños y preadolescentes de algunos de estos centros piloto y –parece increíble– responde precisamente lo que debía observarse en primera instancia: ˇQué les gusta permanecer en la escuela, que ahora tienen tiempo y quien los ayude a hacer sus tareas, que con más tiempo aprenden mejor! Esto es motivo de júbilo y a la vez una advertencia para los que juzgan a priori a los estudiantes sin haber profundizado en su ambiente hogareño, comunitario y escolar.

El horario terriblemente corto –los niños de I y II grado de la jornada matutina terminan a las 11:00 a.m.– implica que los hijos de los pobres cuyos padres están en la calle tratando de ganar para comer en el día, así como los de muchos trabajadores, vuelven a su casa y no encuentran a nadie que los cuide; mientras tanto, están durante muchas horas a disposición de los delincuentes del barrio que –cuando menos daño les hacen– los utilizan para sus fechorías. żY todavía no sabemos la razón del aumento de embarazos adolescentes y de abuso sexual de varoncitos? Vivir una infancia protegida es el mínimo que el Estado y la sociedad deben ofrecer a la niñez panameña, aunque no negamos que también aprender es fundamental.

Somos conscientes de que un horario escolar equiparado al laboral tiene un alto costo inicial para el Estado, pero les aseguro que la repetición de grados hoy cuesta mucho y con la extensión de esta política al resto del país disminuirá significativamente y compensará en parte la inversión inicial.

Hay otras medidas de ese tenor, a mí se me ocurre que deberían volver a promoverse los huertos escolares y la cría de aves en huertos comunitarios, para que los costos del almuerzo escolar sean menores; una persona querida me recordaba el que los textos eran propiedad de cada salón de clases y se usaban por varios años, yo agregaría que se apruebe una ley que obligue a los legisladores a equipar todas las bibliotecas escolares de su circuito; pero de verdad, lo mejor y más productivo es permitir que cada comunidad educativa se auto–organice con el objetivo de ayudar a que la medida tomada por uno de sus componentes –el Ministerio– sea exitosa.

El pueblo panameño puede estar seguro de que niños y adolescentes protegidos por adultos responsables redundará en mejor aprovechamiento escolar, felicidad en la familia y desarrollo de la cultura de paz tan necesaria en nuestro país.

La autora es docente universitaria


© 2008. Corporación La Prensa. Derechos reservados.
 
 
 
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