DESARROLLO.
Avances y contradicciones en Panamá
Luis Pulido Ritter
opinion@prensa.com
Panamá es un país que avanza a pasos agigantados en varios terrenos. Y este avance lleva consigo muchas contradicciones económicas, políticas y sociales. Sin duda alguna, la democracia es un hecho en Panamá, después de aquella terrible invasión de 1989, una democracia que debe ser perfeccionada con mayores niveles de participación y cuyo mejor ejemplo lo están dando los partidos políticos con sus primarias.
Aquí está la garantía de que la democracia siga asentándose en el país con la ayuda de una administración pública que debe ser más transparente y que cimente la confiabilidad de los ciudadanos en el Estado. Es, en este sentido, que no es necesario ser parte del gobierno o de algún partido político –para estar en contra o a favor– que la introducción en nuestro vocabulario de la transparencia institucional es un paso hacia la confiabilidad.
Este concepto nos ha lanzado a una nueva manera de relacionarnos con la administración pública, porque el ciudadano siente el derecho de cuidar, saber y fiscalizar lo que hacen los funcionarios y a la vez esto aumenta la responsabilidad de los funcionarios hacia la sociedad civil, punto que no es necesariamente un lugar deseado en países que han tenido estructuras estatales débiles y ciudadanos desconfiados de la gestión estatal.
Pudo haber sido otra administración, pero le ha tocado a la administración de Martín Torrijos introducir y desarrollar en la práctica –seguramente con dificultades– la importancia de la transparencia institucional.
No hay institución del Estado que no muestre sus políticas, su estructura organizativa, las licitaciones y los salarios de sus funcionarios. Esto es un paso importantísimo que ha ayudado significativamente a la democratización del país e, implica, además, para un país emergente, como Panamá, que se reflexione sobre retos importantes que se plantean en la educación, la cultura, el transporte público, fortalecimiento de los municipios, en fin, para una modernización acelerada se necesitará una reflexión crítica y abierta que abarque estos problemas con nuevos paradigmas.
Como mi campo de trabajo ha sido sobre todo el mundo académico puedo constatar con satisfacción el trabajo de modernización que han realizado instituciones panameñas como la Ciudad el Saber, el Inadeh, la Senacyt. Además, la Autoridad Nacional de Turismo. Aquí ha habido una transformación rápida con respecto a conectar a Panamá con la globalización y el aprovechamiento de los recursos humanos e intelectuales para beneficio del país. Aquí se reconoce con prístina claridad la visión de país que se quiere y, sobre todo, se tiene conciencia de que la conectividad con el mundo globalizado implica una permanente transformación.
Es, en esta línea, que veo que uno de los grandes retos de Panamá como país emergente se plantea en la modernización de sus universidades públicas. Si Hamlet dijo to be or not to be, como condición existencial extrema, a las universidades no les queda otro remedio que modernizarse para no sucumbir frente a la rapidez y la flexibilidad de la globalización. Y aquí vuelvo otra vez a Alemania porque hace poco, por iniciativa de la embajada panameña, se firmó un acuerdo de cooperación entre universidades panameñas y el Servicio Alemán de Intercambio Académico que ampliará la oferta de oportunidades de estudios en este país europeo a muchos profesionales panameños.
Esto, por una parte, demuestra la confianza en el sistema universitario panameño que, por otra parte, para asumir efectivamente las ofertas y los intercambios con las naciones altamente industrializadas, enfrenta muchos retos de modernización en la investigación y la enseñanza en las áreas humanísticas y naturales, actualización y ampliación de sus instalaciones técnicas, informáticas y bibliográficas, profundizar la enseñanza de lenguas, especialmente, del inglés y, por qué no, del alemán, del francés y del chino.
Como vivo en Alemania desde hace muchos años puedo equivocarme en mi impresión de Panamá como país emergente, es decir, corro el peligro de que mi manera de abordar el país se parcialice por la impresión macroeconómica. Sin duda, las estadísticas demuestran este crecimiento acelerado que, sin embargo, no se proyecta en todas las áreas económicas y en todos los sectores de la población. Sin embargo, cada vez que llego a Panamá me sorprende la rapidez con que el país está cambiando y modernizándose.
Y este proceso crea conflictos, miedos, críticas, pero también energías creativas de transformación por las cuales están pasando todas las sociedades latinoamericanas que han decidido vincularse a la globalización con nuevos paradigmas. Basta dar un vistazo sobre lo que está pasando en Chile, en Brasil e, incluso, en nuestros vecinos como Costa Rica y Colombia, para comprender que Panamá no está condenado a ser un país subdesarrollado y dependiente, sino que también puede y está negociando su desarrollo en la globalización.
El autor es sociólogo, escritor y docente
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