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Panamá, martes 7 de octubre de 2008

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FOTODENUNCIA
Desorden citadino
LA PRENSA|VíctorArosemena

ALCALDE DÍAZ. Como si no fuera suficiente el caos vehicular que a diario padecen los automovilistas durante las horas pico –tanto en la ciudad de Panamá como en sus alrededores–, los huecos y los objetos que obstruyen las vías, como este contenedor de basura que se observa en la entrada de la comunidad de Nueva Libia, en Alcalde Díaz, agravan el problema. Los residentes agradecen que los encargados de aseo les recojan la basura, pero solicitan su cooperación para evitar que estos contenedores se conviertan en estorbos.


La eterna polémica racial

6 DE OCTUBRE. Se enciende nuevamente la polémica sobre el racismo, con el reciente episodio que sufrió nuestra máxima gloria del deporte, Irving Saladino. En esta ocasión, los medios de comunicación se pronuncian a través de las opiniones, la mayoría de repudio, de periodistas, políticos y otras personalidades. Congratulo la acción de oponerse al racismo, pero ojalá nos pronunciáramos igual siempre contra todas las formas de discriminación.

Y es que los que tenemos la piel oscura, debemos enfrentarnos a acciones evidentes o disimuladas de rechazo y exclusión. En las escuelas se inicia con las burlas a los “chombitos”, pasando con los chistes en los medios de comunicación, en donde inclusive los “actores” se pintan la piel y se mofan de nuestra forma de actuar y hablar. Los que nacimos negros hemos vivido experiencias, como por ejemplo, entrar a un local y que el guardia de seguridad nos revise o monte una persecución “disimulada”. Es más, cuando fui creciendo, comprendí por qué mi abuela nos decía –a mí y mis hermanos– que debíamos estar siempre “bien vestidos”; y es que en Panamá, no es lo mismo un negro en bermudas y chancletas (maleante), que alguien de piel más clara con el mismo atuendo. Además, la discriminación en este “crisol de razas” no se limita al color de la piel.

En este país en “vías de desarrollo”, eres discriminado dependiendo si tienes o no recursos económicos o fama. Les aseguro que el señor de Chile que ofendió a Saladino, no es la primera vez que lo hace ni será la última. Ahora mismo, en varios locales comerciales o restaurantes de Panamá, algunos negros y negras están siendo discriminados de la misma forma o peor, y el hecho no va a causar ningún revuelo, pues no tienen ni el dinero ni la fama de Saladino.

Ricardo Mejía Miller


 

En defensa del derecho a disentir

6 DE OCTUBRE. Vivimos en una democracia, en la que se supone que gozamos de libertad de expresión y opinión, pero en las últimas semanas y a raíz de las discusiones en torno al Anteproyecto de Ley de Salud Sexual y Reproductiva, me doy cuenta de que en nuestro Panamá es mal visto opinar distinto a los propulsores y defensores de ese anteproyecto, pues automáticamente –a quienes no compartimos su manera de pensar– se nos endilga la etiqueta de retrógradas y fundamentalistas.

No estoy de acuerdo con el mencionado anteproyecto, en varios de sus aspectos, por muchas razones que no son el motivo específico por el que escribo hoy. Mi preocupación es darme cuenta de que la tan cacareada tolerancia y apertura mental es para todos y todas, excepto para los que no opinan como yo. Considero que el anteproyecto debe ser conocido, estudiado y debatido ampliamente por todos aquellos que tengamos interés y nos sintamos afectados por él, aun si –como se dice– ya fue consensuado, seguimos teniendo ese derecho.

Sin embargo, pareciera que en el caso de este anteproyecto, debemos aceptarlo tal como fue presentado, sin críticas ni oposición de ningún tipo, porque sus propulsores suponen es perfecto, y que no hay necesidad de mejorarlo, o de que reciba el aporte de los ciudadanos y de los padres y madres de familia de este país. Por último, quiero señalar que el médico, columnista de domingo, conocido defensor de la tolerancia y amplitud de criterio y aparentemente “único poseedor de las opiniones no sesgadas” en Panamá, tilda –citando a Einstein– de infinitamente estúpidos a quienes ejercemos nuestro derecho a disentir.

Bessie L. Romero de Frauca


 

El desgaste de los partidos

24 DE SEPTIEMBRE. En la República Dominicana el poder político lo ejercieron el Partido Revolucionario Dominicano (PRD) y el Partido Reformista Social Cristiano, por muchos años. El pueblo se veía sin alternativas, hasta que surgió el Partido de la Liberación Dominicana (PLD), encabezado por Leonel Fernández, quien gobernó entre 1996 y 2000. Posteriormente, el PRD ganó las elecciones (2000–2004). Pero el PLD, de Fernández, regresó con más fuerza (2004–2008), y acaba de reelegirse. En Venezuela los partidos Copei y Acción Democrática (AD) llenaron los espacios políticos por casi 50 años.

El país se encontraba cansado de la corrupción y escogió el cambio a un tercer partido: El Movimiento Revolucionario Bolivariano de Hugo Chávez Frías. En Ecuador los partidos tradicionales sucumbieron ante el nuevo partido de Rafael Correa; y en Bolivia, los partidos tradicionales cayeron ante la opción de Morales. ¿Están cansados los panameños de gobiernos alternos del PRD y del panameñismo, como para que se vayan a una nueva opción?

Ramón Mejía


 

Aclaraciones en relación con el tema de las vacunaciones

30 DE SEPTIEMBRE. Con la misma urgencia que se ha señalado que las personas deben acudir al centro de vacunación internacional del Ministerio de Salud (Minsa), para que todo potencial viajero cumpla con el ordenamiento de recibir la vacuna contra la fiebre amarilla, es necesario que el mismo Ministerio haga algunas aclaraciones puntuales. La primera, si es cierto que los organismos internacionales señalan las regiones de Darién, Kuna Yala y Panamá, en general, como zonas endémicas de fiebre amarilla (ver página 311 del CDC: Health Information for International Travel, 2005-2006). El Minsa debe hacer la aclaración, informando cuántos casos anuales de esa enfermedad se registran en la República y en esas zonas.

El riesgo de los viajeros para adquirir la fiebre amarilla, como bien lo resalta el mismo documento del CDC, “está determinado por el estado de inmunización del individuo, la época del año, la duración de la exposición, la ocupación y las actividades recreativas de la persona mientras viaja. El principal indicador del estado de endemia de fiebre amarilla, lo es el número de enfermos o casos informados. Si asumimos que esto falla en el sistema, tendríamos que iniciar una vacunación masiva. Si la falta de informe es porque los casos se dan en áreas remotas, entonces, lo más sensato es ofrecer una protección más puntual o específica. Otra vez, espero que estas exigencias lógicas del sentido común y la inteligencia no se cataloguen de posturas antivacunación. Todo lo contrario, las personas necesitan explicaciones concretas.

Es necesario señalar que los niños menores de seis meses no deben ser vacunados y que, en la instancia de una vacunación necesaria, solo se debe hacer después de los nueve meses de edad. ¿La razón? En este grupo de niños, los riesgos de que se presenten reacciones adversas serias superan el de adquirir la propia enfermedad. Tampoco se ha demostrado la inocuidad de la vacuna en mujeres embarazadas, por lo cual se debe hacer una consideración especial en ellas, basada en los reales riesgos de infección.

Dr. Pedro Ernesto Vargas


 

Perspectivas distorsionadas

1 DE OCTUBRE. Soy un cristiano católico practicante y militante y, a pesar de no compartir las ideas de conocidos “opinólogos progresistas” en torno al Anteproyecto de ley de Salud Sexual y Reproductiva, disfruto de sus escritos que, al menos, sirven como lectura recreativa.

Sin embargo, debo decir que un irónico artículo titulado: “Me rindo ante su verdad”, publicado en las páginas de Opinión de La Prensa (30/9/2008) hace entender una afirmación sorprendente: ¡Ahora resulta que los “intolerantes” somos los cristianos! ... Aunque eso no es novedad, siempre ha sido uno de los mantras “progresistas”. No importa que, por años, ellos se hayan adueñado de la “tolerancia”, de la “razón”, del derecho de determinar qué constituye el progreso social y qué no; no importa que en todo espacio que tengan para opinar dediquen dos líneas –aunque no venga al caso– a arremeter contra los creyentes, con ironías, sarcasmos y hasta con epítetos gastados como “fanático”, “retrógrado”, “cavernario” y “oscurantista”; y no importa que ellos hoy sean el establishment académico, cultural e intelectual, para ellos los cristianos siempre seremos los monstruos que se creen dueños de la verdad.

Esto resulta entretenido hasta que los mal llamados “progresistas” toman acciones concretas y tratan de imponernos sus ideas, creyéndose con toda la razón moral de hacerlo, puesto que ellos son los buenos y justos redentores sociales que tienen el deber de hacernos ver la luz de la razón. Una de estas “lúcidas” ideas es la ahora conocida “perspectiva de género” que quieren imponer –como dogma– a nuestra niñez y adolescencia, por ser un “hecho de la vida”. Ante tanta cobardía, a los defensores de la dignidad humana nos toca explicar al público, claramente, que la perspectiva de género en pocas palabras dice lo siguiente: si bien las personas biológicamente nacen ya sea con un pene o con una vagina, su identidad sexual no necesariamente está atada a este hecho biológico, la persona puede elegir su identidad sexual y su orientación.

Es más que evidente que no se necesita ser dueño de la verdad para notar que el sentido común no deja de protestar ante semejante disparate. Tristemente nuestros presidente y ministros, han entumecido su sentido común y sus conciencias para aprobar semejante insulto a la inteligencia del pueblo panameño. Ojalá a los diputados no se les ocurra entronizar semejante disparate entre otros contenidos en el referido proyecto de ley de la república.

Carlos Antonio Solís Tejada


© 2008. Corporación La Prensa. Derechos reservados.
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