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Panamá, lunes 6 de octubre de 2008
 

UN MUNDO SUPERIOR.

Rescate de valores culturales y espirituales

Ricardo Salcedo
opinion@prensa.com

Continuamente, y con razón, surgen quejas por un creciente deterioro social derivado de muchas causas de índole material. Para resolverlas, se están adoptando soluciones cuestionables, tal como lo es una remilitarización aberrante, y se mencionan otras, entre las que está el mejoramiento o la recuperación de la educación y la cultura. La educación es esencial para el desarrollo de un país y la verdadera educación debe inculcar los valores cívicos y espirituales desde la infancia.

En lo relativo a la cultura, las autoridades del ramo en otros gobiernos, organismos cívicos y medios de comunicación han tratado, por su cuenta, de fomentarla –aunque de forma limitada y no todo el tiempo– en solo una parte del ámbito nacional.

Ante el peligro de perder parte de una cultura existente, expresada en el respeto a los valores cívicos y derechos sociales, los medios radiales y escritos se constituyeron en bastiones de su rescate en una época dictatorial que duró 21 años, en los que fueron arrollados por las fuerzas arbitrarias, toscas y despóticas, que, de paso, arrasaron los valores morales, despreciaron los estéticos, mancharon los espirituales y desvirtuaron los religiosos.

Solamente liberándose del control de los partidos y políticos corruptos, un país puede alcanzar su mejor calidad de vida.

Lamentablemente, después de superado aquel oscurantismo y aun en las actuales circunstancias, han seguido relegados y olvidados los rumbos del espíritu, descuidándose total o parcialmente la promoción constante de los valores universales enraizados en la literatura, el arte, la música y las religiones. Por ello, a una nación disminuida en sus valores le resulta necesario –casi imperioso– revertir esa situación, mediante campañas permanentes de culturalización, en los medios masivos, principalmente, los impresos, por quienes corresponda o por quienes asuman la iniciativa.

Muchos países, y más los desarrollados, poseen una tradición cultural y espiritual milenaria que contribuye a su mayor bienestar. Su cultura la conservan y nutren, diaria o frecuentemente, con la publicación (en panfletos y en secciones o en suplementos de periódicos) de cuentos cortos, poesías, reseñas de obras en cartelera, ensayos, comentarios de obras literarias y musicales, semblanzas, minibiografías o exaltaciones de personajes impactantes, o de sensible humanidad, pasajes gratificantes del diario vivir (como los del programa televisivo “haciendo la diferencia”), divagaciones filosóficas breves y prácticas, divulgación de enseñanzas y normas religiosas de diversas confesiones, descripción de fotos y pinturas con sus escuelas, materiales, autores, períodos; tipos de esculturas y de monumentos, museos, iglesias, sinagogas, templos, mezquitas, especialmente nacionales; en fin, todo lo que signifique proyección de valores culturales y espirituales.

También estimulan la realización de actos culturales para la mayor audiencia posible, como los veraniegos que hace la Autoridad del Canal.

La apreciación de las manifestaciones del espíritu no solo enriquece la calidad de vida de quien las disfruta, sino que constituye cultura la que, junto al deporte y a la educación, se erige en baluarte para la prevención de los delitos.

Ya desde la antigüedad –como lo publican en un folleto sobre la excelente presentación reciente en el Teatro Nacional de tres cantantes de ópera, uno de ellos panameño– el filósofo Epicteto señalo que: “ Solo la persona culta es libre”. Se añadiría: su vuelo espiritual no puede apresarse.

Con libertad y con la vigencia de la justicia, la democracia y la fraternidad, no se tendría que salir a rescatar la decencia, los valores cívicos o los derechos sociales cuando los cercenen gente con vocación autoritaria, como la militar, con medidas abusivas o con cambios institucionales y decretos–ley propios de dictaduras.

En contraste con tal perspectiva tan degradante, la celebración de unos juegos olímpicos en China en los que se destacaron la entereza, la hermandad, los esfuerzos al límite, la alegría y sendas ceremonias de inauguración y de clausura de una belleza y tecnología extraordinarios, –independientemente del reclamo político– hacen renovar las esperanzas de avance hacia un mundo y calidad de vida mejorados, con valores espirituales y culturales superiores.

El autor es ingeniero civil

© 2008. Corporación La Prensa. Derechos reservados.
 
 
 
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