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Panamá, lunes 6 de octubre de 2008
 

LIDERAZGO REAL.

¿Votar por un presidente o por un estadista?

Paulino Romero C.
opinion@prensa.com

Por la forma como se piensa llevar a cabo la elección presidencial el 3 de mayo de 2009 en Panamá, por el espíritu con que los candidatos entran en la lucha electoral, por los nobilísimos conceptos que cada uno de ellos pueda expresar en su intención de voto, la ciudadanía panameña, como auténtica responsable del resultado final del torneo, se ha de presentar a la faz del mundo como un ente puro, exponente de la democracia genuina.

Es cierto que en la historia del republicanismo panameño son muchas las épocas en que las elecciones presidenciales han sido tan solo una farsa indigna, tras cuyo tinglado se han ocultado el rostro vergonzoso de la intriga y el desmedido deseo de alcanzar el poder, el fraude o la violencia; pero ejemplos verdaderos de función democrática más limpia que las últimas elecciones panameñas (de 1994, 1999 y 2004) pocas veces se han dado en los países latinoamericanos y del Caribe.

Todos los candidatos a la Presidencia de la República tienen derecho a desplazarse, sin ninguna restricción, por la geografía nacional, para exponer sus programas de gobierno y su particular interés por atender los más agudos problemas que, a su juicio, merecen resolverse a favor de los más necesitados del país. Pero eso sí, vale una advertencia que es de esencial importancia: el auténtico valor de la voz de los candidatos tendrá mayor eco en la ciudadanía en la medida en que eleve el diapasón cuando el fervor de la sensibilidad ascienda a las cumbres de su pensamiento y cuando el gesto vigoroso subraye la frase con el movimiento natural de una expresión física que obedezca a los dictados de una gran fuerza moral.

Recordemos que las palabras conmueven y convencen cuando se percibe en ellas la realidad de un gran momento histórico, cuando expresan la verdad e inspiran fe, cuando manifiestan salud e infunden esperanza. ¡No hay elocuencia verdadera donde faltan las grandes ideas!

Las propuestas y los programas de gobierno bosquejados por los distintos candidatos a la Presidencia de la República durante la presente campaña electoral, han de revelar quiénes solo aspiran ser Presidente de la República y quiénes presentan un perfil de estadistas. Quien pueda vencer será aquel que busque su fuerza en la Nación y no únicamente en un partido político. Es decir, será la persona señalada por las circunstancias para ser el o la protagonista de un movimiento trascendental en la vida de la República. Alguien que mire más alto y más lejos. Que columbre en su patria la necesidad de un gobierno que pueda estar fuera de los partidos y por encima de ellos, y que pueda luchar en la arena política como abanderado de patrióticas necesidades.

Pero, si bien es cierto que las propuestas y los programas de gobierno son importantes documentos reveladores de la visión del país que puedan tener los candidatos, también es cierto que estos deben sobresalir por el talento, por la honestidad e integridad ejemplar, y por esa cualidad multiforme y excelsa que llamamos el carácter. Hablamos del carácter como conjunto de prendas morales acrisoladas; como voluntad hacia el bien; como elevación y fortaleza del ánimo; como aptitud para hacer y sentir lo alto y lo recto; como energía para luchar contra todo lo que es bajo y torcido. Busquemos, pues, entre los postulantes al solio presidencial, quién en realidad, se aproxima al estadista que la patria necesita, ya que la misma tiene graves problemas que afrontar. Y por ello, a fuer de constructor (por el rescate y afirmación de la República) sea capaz de llamar en torno suyo a las fuerzas y los factores indispensables para la tranquilidad y el engrandecimiento de la nación panameña.

Resumiendo, los panameños y panameñas aspiramos a tener más que a un Presidente de la República, a un o una estadista que incluso pida el concurso de la Iglesia como elemento de orden social, y proceda así como dirigente consecuente para quien la tolerancia y el respeto de las ideas ajenas, son el primer orden social como canon de la democracia; que afirme la igualdad republicana y se pronuncie contra el clasismo y los privilegios para proclamar a todos los ciudadanos y ciudadanas seres forjadores del bienestar individual y colectivo. Que ponga fe en la educación integral popular como base esencial de la democracia y en el trabajo honrado como fuente de toda prosperidad. Que quiera, además, que Panamá abra de par en par sus puertas a todas las naciones y a todas las civilizaciones, y que anhele desarrollar las riquezas inmensas del país con el concurso extranjero, pero sin extorsiones, sin desigualdades ni rebuscas, sin sumisiones ni perjuicios para nuestro país.

El autor es pedagogo, escritor y diplomático


© 2008. Corporación La Prensa. Derechos reservados.
 
 
 
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