DESORDEN SOCIAL.
Leyes y males
Juan Carlos Pastor
opinion@prensa.com
De las entrañas engañosas de la sociedad de postgrados y maestrías, donde no sabemos entre subsidiados negocios cuál es más rentable –la lucrativa política o la docencia titular– emerge la ignorancia que impone su razón. De tantas leyes y un país en donde no bastan, hubo que idear “decretos ley”, no contentos nacieron “de gabinete”. Tarde aprendimos que la ley inconveniente al bribón, no vale sin aquel. ¡Transparencia y derecho, desconocida institución! Sociedad tan malvada debe además regularse por decretos del alcalde y acuerdos de Concejo, sin examinar obligada sumisión al mando superior y menos cuestionar el abuso policial.
El mal hecho y el derecho encuentran su mejor coyuntura aquí, realidad de facto en la sociedad a quien deben proteger y lo que hacen es embrutecerla con sus intromisiones. La policía se mete en lo que no debería e ignora lo que debe. ¡Para qué jueces nocturnos ya, si los mismos piensan peor que el policía y estos a su vez, en ignorancia manifiesta, matan por administrar justicia y aplicar su descabellada jurisdicción callejera. Ya lograron casas allanar, vehículos requisar, cartera y documentos decomisar, su pena de muerte incrementar, mas sus responsabilidades mitigar.
Encantadora Policía Nacional, los enemigos de la comunidad y amigos de cada maldad. Les preocupa el tránsito vehicular, “la juventud” domesticar, la colombiana “peligrosa”, y de todos tienen potestad a sospechar. Cada día al abogado se empeñan despreciar, pues su trabajo dicen no es legal, mientras la DRP escondida o ¿donde está? En este “Estado”, policías tienen más autoridad que un papá, más palabras que el letrado, más libertades que la Constitución y más garantías que un imputado. Donde resulta sacrificante lo que al parlamento de muchos inútiles pagamos, para obtener las peores regulaciones; mismas que configuran un sistema en donde un Ejecutivo incauto, quinquenio tras quinquenio, puede todo orden jurídico derogar y obsequiarnos la anarquía y el rencor en que vive nuestra pobre sociedad.
El autor es abogado
|